El olor corporal como alerta médica: cuándo deja de ser un tema estético

Cambios repentinos en el olor del cuerpo podrían estar vinculados a trastornos metabólicos o infecciones. En el conurbano, médicos empiezan a cruzar el fenómeno con el impacto de la crisis económica.

En consultorios de clínica médica y dermatología del conurbano bonaerense se repite una escena incómoda: pacientes que llegan por un olor corporal “distinto”, persistente, que no responde a higiene ni a productos habituales. En el Hospital Posadas, el clínico Martín Gadea sostiene que el motivo de consulta creció en el último año y aparece cuando el síntoma ya lleva meses. “El paciente cambia desodorantes, se baña más cuando puede, prueba alternativas caseras. Muchos dejaron de comprar productos básicos o los estiran más de lo recomendable”, describió.

Gadea menciona patrones que se repiten en la guardia y en consultorio: olores ácidos en axilas, notas rancias en pliegues, aromas intensos en pies que no ceden con higiene. “El sudor se mezcla con bacterias y sebo. La falta de recambio de ropa o de productos adecuados favorece la proliferación. Después aparecen infecciones o irritaciones”, explicó. En el Hospital Evita de Lanús, la dermatóloga Verónica Ibarra agrega que el uso de sustitutos improvisados también impacta. “Vemos pacientes que reemplazan desodorantes por bicarbonato, alcohol o mezclas caseras. Eso altera la piel, genera lesiones y potencia el olor”, indicó.

La dimensión más cruda aparece cuando el olor sale del sudor. En el Hospital Güemes, la médica generalista Laura Benítez relata consultas por cambios en la orina y el aliento en contextos de mala alimentación. “Dietas más pobres, más carbohidratos, menos proteínas. Orina con olor muy fuerte, aliento con notas ácidas o dulzonas. Son señales que pueden vincularse a desbalances metabólicos”, señaló. Según la médica, algunos pacientes llegan con cuadros avanzados tras postergar controles por razones económicas.

Desde el Hospital Fiorito, el infectólogo Diego Sarmiento suma otro factor que empieza a circular en el sistema público: la dificultad para sostener tratamientos. “Infecciones en piel o pliegues que requieren cremas o antibióticos. El paciente mejora unos días y abandona. El olor vuelve, a veces más intenso, más fétido”, explicó. En paralelo, mencionó un aumento de consultas por lesiones asociadas a humedad prolongada en ropa o calzado.

En los equipos de salud se repite una lectura que mezcla clínica y contexto social. “El olor siempre estuvo, ahora aparece más y dura más”, resumió Benítez. En un escenario de ajuste, hábitos básicos entran en negociación cotidiana y el cuerpo empieza a registrar ese cambio. Entre médicos circula una idea incómoda que gana lugar en voz baja: el deterioro económico también se huele.

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