En medio de una inflación que sigue golpeando salarios, caída del consumo y señales de agotamiento en distintos sectores productivos, el Gobierno de Javier Milei prepara un nuevo paquete de desregulación que promete abrir otro frente de tensión política y económica. Según trascendió en medios oficiales y despachos libertarios, las medidas incluirían cambios en la navegación fluvial, flexibilización del mercado inmobiliario y una reforma financiera orientada a reducir controles y regulaciones históricas.
El discurso oficial insiste con la idea de “destrabar la economía” y “liberar fuerzas productivas”, una fórmula que ya se volvió mantra de la administración libertaria. Sin embargo, detrás de la retórica técnica, empresarios, dirigentes opositores y hasta sectores del mercado comenzaron a advertir sobre el alcance real de las reformas. “Van a barrer con todo”, deslizó un operador financiero citado en off por medios porteños. En paralelo, economistas críticos aseguran que la avanzada regulatoria funciona como una enorme cortina de humo para correr el eje de la crisis social, el deterioro del empleo y el desplome de la actividad industrial.
Uno de los puntos más sensibles es el inmobiliario. Según las versiones que circularon en despachos oficiales y cámaras empresarias, el Gobierno buscaría avanzar todavía más sobre las regulaciones de alquileres y contratos, profundizando un esquema donde el mercado quede prácticamente liberado a la lógica de oferta y demanda. En redes sociales, usuarios ironizaron con la idea de “Airbnbización total” de las ciudades mientras aumentan los problemas de acceso a la vivienda. Porque aparentemente el plan habitacional del siglo XXI consiste en convertir cada departamento en una caja de seguridad con Wi-Fi. Una visión muy Silicon Valley para un país donde media población mira precios del supermercado como si fueran cotizaciones de criptomonedas.
La reforma financiera también genera ruido. Versiones periodísticas hablan de nuevas flexibilizaciones para el movimiento de capitales y cambios orientados a desregular operaciones bancarias y bursátiles. En el entorno libertario aseguran que el objetivo es atraer inversiones y acelerar el ingreso de dólares. Los críticos ven otra cosa: una aceleración del modelo financiero mientras la economía real sigue frenada. “Todo se desarma a velocidad récord”, resumió un dirigente opositor que sigue de cerca las negociaciones. En la Casa Rosada niegan cualquier escenario de conflicto y sostienen que las reformas son “inevitables”. La palabra inevitable suele aparecer justo antes de que alguien venda las ventanas de la casa para pagar la luz.

