Vapores tóxicos en Esteban Echeverría: un comerciante terminó hospitalizado y el Municipio quedó otra vez bajo la lupa

Una mezcla de productos químicos provocó una emanación peligrosa dentro de un local de 9 de Abril. El dueño fue trasladado al Hospital Santamarina y el operativo expuso una pregunta incómoda: quién controla qué se almacena en los comercios del distrito antes de que el aire se vuelva irrespirable.

Una escena digna de manual de emergencia, aunque sin la parte en la que alguien previene algo, sacudió a Esteban Echeverría: un comerciante de la localidad de 9 de Abril debió ser hospitalizado tras inhalar vapores tóxicos generados por una mezcla de productos químicos dentro de su propio local. El episodio ocurrió sobre la calle Maxer al 500, entre Huergo y 9 de Julio, y obligó a desplegar un operativo con Bomberos, SAME, Defensa Civil y efectivos policiales.

El origen del incidente habría sido una reacción química provocada cuando el propietario mezcló un producto con residuos de otra sustancia que habían quedado en un recipiente. La combinación liberó gases en el ambiente y convirtió el comercio en una pequeña trampa urbana, de esas que los barrios descubren cuando ya hay ambulancias en la puerta y vecinos mirando desde la vereda con esa mezcla argentina de miedo, morbo y resignación.

La Brigada de Materiales Peligrosos tuvo que intervenir porque, en un detalle que no ayuda precisamente a dormir tranquilos, los bidones involucrados no tenían rótulos que permitieran identificar qué contenían. Es decir: en un comercio del distrito había sustancias sin señalización clara, una reacción tóxica en marcha y recién ahí se activó el protocolo. La prevención, como tantas veces, llegó disfrazada de operativo posterior.

El personal especializado diluyó el producto, ventiló el lugar, selló los recipientes y dejó los elementos a disposición de la Policía. El comerciante fue trasladado de manera preventiva al Hospital Santamarina, mientras otro responsable del local permaneció en el lugar para aportar información. La situación fue controlada, pero el olor político quedó flotando: si el municipio puede aparecer para la foto de la emergencia, también debería poder aparecer antes, cuando todavía no hay gases, ambulancias ni vecinos preguntándose qué demonios respiran.

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