El peronismo encontró finalmente un tema de conversación que no incluye candidaturas, traiciones, herencias familiares ni la cantidad exacta de sillas que le corresponde a cada tribu en una reunión: la economía. En la sede nacional del PJ, dirigentes y especialistas comenzaron a discutir un programa para enfrentar a Javier Milei en 2027, acaso bajo la audaz hipótesis de que para volver a gobernar no alcanza con recordar cada quince minutos que el Presidente grita, insulta y usa motosierra. Participaron Santiago Fraschina, Mercedes D’Alessandro, Guillermo Michel, Jorge Capitanich y Teresa García, entre otros. El desafío es formidable: construir una alternativa económica creíble desde el mismo espacio político que llegó a las elecciones de 2023 con más de 200% de inflación anual y un ministro de Economía haciendo campaña para presidente mientras administraba el incendio. Hollywood rechazó guiones por menos.
La flamante receta incluye reindustrialización, mejores salarios, defensa de los recursos naturales, revisión de beneficios al gran capital, renegociación de la deuda y, atención con esta novedad tecnológica, estabilidad monetaria. Capitanich incluso planteó la necesidad de una moneda estable, objetivo que el justicialismo resolvió incorporar a su plataforma después de comprobar durante décadas que emitir billetes como si fueran volantes de una unidad básica tenía ciertas contraindicaciones. Mercedes D’Alessandro puso sobre la mesa ambiente y soberanía; Guillermo Michel cuestionó el RIGI y las concesiones fiscales; Fraschina pidió recuperar industria y participación salarial. El conjunto empieza a parecerse a un programa. Falta el pequeño detalle de convencer a millones de argentinos de que esta vez sí saben cómo hacerlo.
La oportunidad, sin embargo, existe porque Milei tampoco administra precisamente Suiza. El Gobierno logró desplomar la inflación mensual respecto del desquicio de 2023 y convirtió el equilibrio fiscal en una religión con planilla Excel, pero debajo del altar se acumulan estampitas menos decorativas: desempleo en 7,8%, pérdida de puestos formales, industrias golpeadas, familias endeudadas y más de 30.000 empresas que dejaron de operar desde diciembre de 2023. El experimento libertario empieza así a ofrecer una postal curiosa: los números macroeconómicos se acomodan mientras una parte de la sociedad contempla el orden desde afuera, con la persiana baja. El PJ encontró ahí su argumento para regresar. Milei responde que sanea una economía destruida. El peronismo replica que el paciente podría morir durante el tratamiento. Y el paciente, como suele ocurrir en la Argentina, paga la consulta.
El problema más serio del nuevo programa económico no está en ninguna planilla. Tiene nombres propios. Axel Kicillof quiere construir su candidatura presidencial, Máximo Kirchner conserva aparato y territorio, Sergio Massa nunca termina de irse, los gobernadores reclaman participación y Cristina Kirchner continúa proyectando una sombra capaz de convertir cualquier reunión partidaria en una discusión sucesoria. Hace pocas semanas las distintas familias tuvieron que encerrarse durante horas para acordar incluso las reglas de competencia rumbo a 2027. El PJ pretende demostrar ahora que aprendió de su fracaso, mientras Milei intenta demostrar que todavía no empezó el suyo. Entre ambos se encuentra un país que ya votó peronismo para escapar del macrismo, macrismo para escapar del kirchnerismo y libertarios para escapar de todos los anteriores. El próximo programa económico tendrá que resolver algo bastante más complicado que la inflación: convencer a los argentinos de volver a creerle a alguien.

