Se casó con una mujer de 82, enviudó 24 días después, cayó con cinco kilos de cocaína y ahora quiere que Netflix filme su vida

Reinaldo Wabeke tiene 43 años, pasó cinco en prisión por narcotráfico y hoy vive con un hombre al que conoció detrás de las rejas. Dice que nunca dilapidó la polémica herencia que recibió, que todavía reclama departamentos y que prepara un libro autobiográfico. Si faltaba algo, su abogado negocia convertir todo en una serie.

La Argentina produjo biografías extravagantes con una constancia industrial, pero la de Reinaldo Wabeke parece directamente escrita durante una intoxicación colectiva. En 2007 era un desconocido de 24 años hasta que se casó con Adelfa Volpes, una santafesina de 82, amiga de su madre, que lo había recibido en su casa cuando era adolescente. La diferencia de edad de 58 años convirtió la boda en un pequeño circo televisivo internacional: hubo cámaras, entrevistas y hasta una luna de miel en Río de Janeiro pagada por un canal brasileño. Después llegó un detalle que transformó la comedia costumbrista en melodrama funerario: Adelfa murió de un ACV apenas 24 días después del casamiento. Wabeke quedó viudo, famoso y asociado para siempre a una herencia sobre la que durante casi dos décadas circularon sospechas de todos los tamaños. El casamiento había durado menos de un mes, pero la sobremesa nacional todavía no terminó.

Tres años después volvió al Registro Civil y protagonizó el primer matrimonio igualitario entre hombres celebrado en la ciudad de Santa Fe. Más tarde se divorció. Y entonces la historia, que hasta allí podía archivarse en la carpeta de “personajes pintorescos de la televisión argentina”, decidió cambiar de género y convertirse en policial. En abril de 2020, cuando millones de personas estaban encerradas en sus casas tratando de entender si podían caminar dos cuadras para comprar pan, Wabeke circulaba por la autopista Rosario-Santa Fe en un Citroën C3 donde la Policía encontró cerca de cinco kilos de cocaína. Fue investigado como integrante de una organización encabezada por Vanesa “La Curandera” Saravia, condenado por narcotráfico y terminó pasando aproximadamente cinco años entre las cárceles de Piñero y Coronda. Una carrera mediática que había empezado con Susana, programas de archivo y una octogenaria enamorada desembocó, sin transición apreciable, en un penal. Hay productoras que necesitan seis guionistas para conseguir bastante menos.

Wabeke recuperó la libertad en abril de 2025 y consiguió agregarle a la historia un giro que cualquier editor sensato habría rechazado por inverosímil: volvió a casarse con un hombre que había conocido mientras ambos estaban presos. Su actual marido es Elías Salazar, de 27 años, técnico de celulares y computadoras, con quien vive en Rosario. Wabeke asegura que nunca trabajó y que continúa viviendo principalmente de la pensión que recibe por su fallecida esposa. También niega una de las versiones que lo persiguieron durante años: que hubiera pulverizado la herencia entre drogas y fiestas. Según su relato, buena parte del patrimonio jamás llegó realmente a sus manos porque el juicio sucesorio continúa abierto. Reclama cuatro departamentos del centro santafesino y sostiene además que una expareja se quedó, mientras él estaba preso, con 70 mil dólares que conservaba como ahorro, parte de su pensión y las pertenencias de la casa. Es decir: la leyenda decía que había quemado la fortuna en excesos; su versión es algo más argentina y bastante menos cinematográfica. La fortuna estaría empantanada entre familiares, ocupantes, abogados y expedientes desde hace casi veinte años. Ni la cocaína pudo competir con una sucesión.

Ahora, a los 43, después de bodas, viudez, divorcio, droga, cárceles, peleas familiares y una enfermedad por la que asegura haber atravesado cinco operaciones, Wabeke considera que llegó el momento de “limpiar su nombre”. Está escribiendo sus memorias y su abogado mantiene conversaciones para llevar la historia a una serie de Netflix. También contrató un seguro de vida y dice haber dejado instrucciones para que, cuando muera, su actual esposo reciba todo lo que pueda quedar de su patrimonio, mientras sus hermanos no vean un peso. El círculo resulta casi perfecto: Wabeke se hizo famoso por una muerte y una herencia y, diecinueve años después, ya organiza minuciosamente la muerte y la herencia propias. Entre una cosa y otra apenas hubo una octogenaria, tres matrimonios, cinco kilos de cocaína, cinco años de cárcel, 70 mil dólares presuntamente desaparecidos y cuatro departamentos en litigio. Netflix todavía evalúa el proyecto. La realidad argentina, bastante menos prudente, ya estrenó todas las temporadas.

Scroll al inicio