Diego Valenzuela encontró una explicación cómoda, económica y perfectamente transportable para todos los problemas productivos de Buenos Aires: Kicillof. El senador exhibió un ranking que coloca a la Provincia en el noveno puesto en capacidad productiva, en el 21° para atraer inversiones y en el 22° por presión impositiva. Con tres números, una frase para las redes y ninguna molestia estadística, decretó que el distrito más poblado y con el mercado interno más grande del país marcha “para atrás”. En la versión difundida no aparece el autor del relevamiento, tampoco el período analizado ni una ficha técnica que explique qué se midió. Detalles menores cuando el diagnóstico ya viene con culpable incluido.
La tabla tiene, además, una potencia humorística involuntaria: ubica a Mendoza como la provincia más atractiva para invertir, seguida por Formosa y Chaco, mientras CABA aparece cuarta, Córdoba octava y Buenos Aires casi en el subsuelo. No se aclara si contabiliza anuncios, inversiones efectivamente realizadas, beneficios fiscales, montos por habitante o deseos expresados durante un desayuno empresarial. Valenzuela hizo lo que mejor sabe hacer la política cuando encuentra un gráfico servicial: le amputó las preguntas, conservó los colores y lo convirtió en un spot.
No es su primera excursión por la estadística creativa. En agosto lanzó un “semáforo fiscal” elaborado por su propio equipo para evaluar a 52 municipios y la herramienta determinó que Tres de Febrero tenía la segunda menor presión fiscal de toda la muestra. El intendente en uso de licencia construyó el termómetro y, para sorpresa de absolutamente nadie, descubrió que su gestión no tenía fiebre. El prodigio resulta menos conmovedor al recordar que durante su administración se aprobaron aumentos iniciales de tasas cercanos al 125% para 2024, junto con actualizaciones automáticas cada dos meses. Para 2025, su presupuesto calculó ingresos por $121.901 millones, un 115% más que el año anterior, con más de la mitad proveniente de recursos municipales. Al parecer, la presión tributaria se vuelve una tragedia humanitaria únicamente cuando la caja que recauda queda en otras manos.
El silencio más estruendoso del discurso aparece al mirar la economía nacional. En julio de 2026, la industria cayó 4,9% interanual y 5% frente a junio; la construcción retrocedió 4,5% en un año y 4,6% en apenas un mes. Pero Valenzuela, antiguo intendente del PRO y flamante converso libertario, logró analizar la falta de inversiones sin dedicarle una sílaba al gobierno de Javier Milei, al derrumbe del consumo, al crédito caro, a la apertura importadora ni al freno de la obra pública. Su propia página ya invita a “construir una Provincia más libre y productiva”, de modo que el ranking empieza a parecer menos un estudio económico que un folleto anticipado para 2027. Buenos Aires puede tener impuestos altos y problemas estructurales. Lo de Valenzuela, en cambio, es más sencillo: tres posiciones, un enemigo y el partido gobernante cuidadosamente fuera de cámara.

