Moreno volvió a combatir la inseguridad con uno de los recursos predilectos de la política municipal: un acto, una foto y un comunicado. La intendenta Mariel Fernández encabezó la presentación de 70 nuevos agentes de la Guardia Urbana, seleccionados entre alrededor de 2.000 postulantes. Es decir, apenas el 3,5% de quienes se anotaron consiguió atravesar el embudo y ponerse el uniforme. Los elegidos recibieron capacitación teórica y práctica sobre protección, tránsito y abordaje de situaciones de violencia. El despliegue escénico, por su parte, ya venía aprobado de antemano.
Durante la ceremonia, Fernández explicó que su política de seguridad incluye prevenir el delito, combatir el narcomenudeo, acompañar a personas con consumos problemáticos y ofrecer oportunidades educativas, culturales, deportivas y laborales. Una Guardia Urbana con tantas misiones que solo le falta administrar las escuelas, dirigir el hospital y tapar los pozos. La intendenta definió el esquema como una “mirada integral” que produce resultados efectivos, aunque esos resultados —delitos evitados, tiempos de respuesta, evolución de robos o zonas más afectadas— no aparecieron en la información difundida.
La incorporación llega después de una larga colección de anuncios. A fines de 2025, la gestión aseguró que había alcanzado las 40 patrullas municipales y más de 2.500 cámaras. En marzo prometió otras 30 unidades y duplicar tanto los móviles como los agentes. Ahora se sumaron 70 efectivos, pero sigue sin precisarse cuántos trabajarán simultáneamente, qué barrios cubrirán, cuándo comenzará el despliegue completo, cuál será su costo ni cuántos de los vehículos anunciados se encuentran efectivamente en servicio. La calculadora oficial suma recursos con entusiasmo; medir resultados parece una materia optativa.
Setenta agentes adicionales pueden ser un refuerzo útil para un distrito complejo y extenso. El problema comienza cuando una incorporación de personal se presenta como prueba de que una política funciona antes de publicar los números que permitirían comprobarlo. En Moreno, los uniformes ya posaron, el discurso quedó grabado y la intendenta volvió a prometer que la seguridad marcha por el camino correcto. La eficacia, por ahora, sigue sin dar el presente.

