Hay algo de coronel Kurtz en la nueva escenografía de la Quinta de Olivos. No necesariamente porque Javier Milei haya remontado un río camboyano rodeado de antorchas, pero la residencia presidencial avanza hacia una lógica de fortaleza cada vez más sofisticada. Después de la salida de personal civil y del refuerzo de la Casa Militar, ahora el Gobierno abrió una licitación para comprar cuatro aparatos portátiles capaces de detectar explosivos, narcóticos, materiales peligrosos y hasta los inquietantes “agentes de guerra química”. El horror, el horror, pero con expediente administrativo y número de contratación.
Los equipos utilizan espectroscopía Raman, una tecnología que permite conocer la composición química de una sustancia mediante un láser y sin abrir el recipiente. Según el pliego, deberán reconocer más de 13.000 compuestos. Serán utilizados en Casa Rosada y Olivos, incluso para revisar alimentos y regalos destinados al Presidente. La preocupación no nació completamente de la imaginación palaciega: en febrero, cuatro efectivos resultaron heridos cuando explotó una encomienda almacenada en una dependencia de Gendarmería. Después de ese episodio comenzaron a utilizarse escáneres prestados para controlar paquetes en Balcarce 50.
Pero el salto de escala coincide con otro fenómeno. Milei contó públicamente que convirtió Olivos “en una base militar” porque, según explicó, tiene “enemigos pesados en el mundo”. El Gobierno también habló de amenazas contra funcionarios de primera línea. La residencia presidencial empieza así a adquirir la estética involuntaria de Apocalypse Now: controles, militares, paquetes sospechosos, sustancias químicas y un jefe de Estado que describe un universo exterior poblado de peligros. La diferencia es que el río no es el Nung sino la avenida Maipú y, detrás del alambrado, Vicente López sigue haciendo lo que puede.
El contraste con el país que existe del otro lado de las rejas es bastante menos cinematográfico. Los últimos datos oficiales disponibles muestran que en julio la actividad económica cayó 2,9% frente al mes anterior y 1,4% interanual; las ventas de supermercados retrocedieron 2,1% interanual y la desocupación alcanzó el 7,9% en el segundo trimestre. En el primer semestre, el 32,3% de la población urbana quedó debajo de la línea de pobreza. Mientras una parte del país hace cuentas para llegar a fin de mes, Olivos se prepara para saber si una mermelada enviada de regalo contiene aditivos, narcóticos o algún agente químico. No es exactamente el descenso del coronel Kurtz hacia el corazón de las tinieblas. Pero, admitámoslo, la utilería ya está bastante avanzada.

