Una ola de inquietud recorre Estados Unidos tras el estreno de The Age of Disclosure, el documental en el que el productor Dan Farah sostiene que el país vive desde hace ocho décadas bajo un sistema de ocultamiento deliberado vinculado a vida inteligente no humana. La película se apoya en testimonios de pilotos, operadores de radar y funcionarios que durante años describieron objetos capaces de maniobrar sin explicación técnica, siempre desestimados o enterrados en archivos clasificados. Farah asegura que ese pacto de silencio se resquebrajó y que la información llegó por fin al círculo más alto del poder.
En la película, Farah afirma que altos cargos del Congreso y de la administración tomaron conocimiento de hechos que habrían permanecido reservados durante décadas gracias a nuevos denunciantes. El director dice que las entrevistas realizadas durante tres años revelan un patrón inquietante: incidentes reiterados sobre instalaciones nucleares, tecnología que no se ajusta a ninguna capacidad conocida y un esfuerzo histórico del Estado por mantener todo fuera del escrutinio público. Entre los testimonios figura el del secretario de Estado Marco Rubio, que advierte que objetos no identificados operaron repetidas veces sobre zonas de máxima seguridad sin que nadie pueda atribuirles un origen conocido.
La pieza apunta directamente al presidente Donald Trump. Farah sostiene que el mandatario ya “tomó conciencia de los hechos básicos” sobre fenómenos no humanos y que su equipo estudia cuál sería el movimiento adecuado ante una información que podría alterar el escenario internacional. El film recuerda que Trump, pese a declararse escéptico, firmó en 2020 la orden que obligó a las agencias de inteligencia a entregar un informe sobre UAP, lo que para Farah demuestra que el tema ingresó en el radar presidencial en un momento sensible.
El documental insiste en que no se trata de episodios aislados. Cita un informe oficial que registró 144 incidentes entre 2004 y 2021 que no pudieron ser explicados, y sugiere que las potencias mantienen desde la Guerra Fría una competencia silenciosa por entender tecnologías presumiblemente no humanas. Para Farah, todo se encamina hacia un desenlace inevitable. Asegura que la película podría ser el catalizador final antes de que un presidente estadounidense suba al podio y anuncie una noticia que, según él, lleva demasiado tiempo escondida: que la humanidad no está sola.

