Los coletazos del polémico pasillo de Estudiantes de La Plata a Rosario Central siguen sumando capítulos. Mientras el Tribunal de Disciplina confirmó dos fechas de suspensión para los jugadores implicados —a cumplirse recién en 2026— y seis meses de inhabilitación para Juan Sebastián Verón, quien terminó pagando el costo institucional más alto, una historia paralela tomó velocidad propia: el inesperado estallido de Valentina Martín, esposa del presidente pincharrata, contra Lionel Messi.
La publicación, subida a su cuenta de Instagram, arrancó como una defensa cerrada a Verón, a quien llamó “el miamense, el inglés, el vendido… el único que tiene los huevos bien puestos”. Pero el tono se volvió abiertamente bélico cuando comparó al dirigente con el capitán argentino. Ahí dejó la frase que electrizó las redes: “Es más argentino que el sorete que ganó el Mundial y que vive en Miami, amigo del gordo. ¡Fuera mafiosos del fútbol argentino!”. El mensaje se multiplicó en captura y circuló entre hinchas, periodistas y dirigentes, como si el expediente de AFA necesitara un spin-off inevitable.
Mientras tanto, las sanciones formales siguieron su curso. Según el fallo difundido por Doble Amarilla, el plantel deberá cumplir dos fechas de suspensión en la próxima temporada oficial. Verón, por su parte, quedó fuera de toda actividad relacionada con el fútbol durante seis meses, acusado de violar el artículo 12 del Código Disciplinario. En La Plata, nadie disimuló el disgusto: la decisión se leyó como un golpe político más que deportivo.
La combinación fue perfecta para encender la hoguera digital: castigo institucional, descargo emocional y un Messi convertido —una vez más— en el epicentro involuntario de la crisis ajena. El episodio dejó en claro que el “pasillo-Gate” ya rebasó el campo de juego. Ahora es un fenómeno autónomo, alimentado por impulsos, capturas de pantalla y un país siempre dispuesto a litigar su identidad en redes sociales.

