Sabbatella cruza un límite: una embestida nocturna de encapuchados deja expuesta una interna sin frenos en Morón

La ofensiva de encapuchados contra el intendente Lucas Ghi tensó al máximo el distrito. Tras perder espacios y 500 contratos, el sector de Sabbatella —referenciado en Máximo Kirchner— mostró que está dispuesto a llevar la disputa más lejos de lo previsto.

La madrugada volvió a encender las alarmas en Morón. Las paredes del Palacio Municipal, del centro y hasta del Hospital de Morón amanecieron cubiertas de pintadas realizadas por encapuchados que actuaron con precisión y coordinación, según muestran cámaras de seguridad y testimonios incluidos en el informe reservado. Mensajes como “No son rumores”, “Atrás con los despidos”, “Ghi = Milei”, “Ghi pagá los sueldos” y “Torrea traidor” aparecieron repetidos en distintos puntos del distrito, en una demostración de fuerza que no sorprendió a nadie que siga de cerca la disputa local.

La secuencia llegó después del reordenamiento que impulsó Lucas Ghi para normalizar el funcionamiento municipal tras las elecciones. Ese movimiento implicó la salida de funcionarios ligados al sabbatellismo y la baja de unos 500 contratos sin función detectados en auditorías internas. Lo que para el entorno de Ghi fue un intento de recuperar orden y transparencia, para el sector de Martín Sabbatella —históricamente alineado con Máximo Kirchner— representó una pérdida intolerable de poder territorial. La respuesta, ahora expresada en aerosol, sugiere que ese espacio no piensa retirarse en silencio ni aceptar el nuevo esquema sin mostrar hasta dónde está dispuesto a avanzar.

En La Plata siguieron el episodio con especial atención. Morón es un distrito clave de la Primera Sección Electoral y un punto que Axel Kicillof pretende estabilizar para su proyecto político. Cerca del gobernador destacan la importancia de que Ghi haya decidido avanzar pese a las presiones, mientras que los movimientos del sabbatellismo confirman la tensión con la estructura que responde a Máximo Kirchner, afectada por la pérdida de espacios estratégicos. En el peronismo bonaerense nadie lo dice abiertamente, pero el mensaje quedó claro: hay sectores dispuestos a ir más lejos de lo que el clima político tolera.

La ofensiva de las pintadas dejó la sensación de que la disputa en Morón entró en una fase nueva, donde la puja por el territorio se juega sin matices y con actores que no temen cruzar ciertos límites. Ghi, fortalecido por el respaldo provincial, aparece decidido a sostener su rumbo. El sabbatellismo, con los puentes rotos, parece haber optado por una estrategia que, lejos de bajar la tensión, anticipa un conflicto que podría escalar en cualquier momento.

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