El nombre que nadie vio venir: Tamara Tenenbaum presentó a su hija Estrelicia Domitila y ardió X

La escritora anunció el nacimiento y el nombre elegido desató un vendaval de burlas, memes y diagnósticos culturales. Entre aplausos calculados y perplejidad sincera, el bautismo ya es tema nacional.

Tamara Tenenbaum, la galardonada autora de ensayos, cuentos, poemas, novelas, columnas periodísticas, obras de teatro y series que marcaron a una generación, volvió a ocupar el centro de la escena de un modo inesperado. La cuenta de El Canciller difundió la primera foto de su hija recién nacida y reveló el nombre elegido, Estrelicia Domitila. En cuestión de minutos, la reacción dejó de ser una simple felicitación colectiva y se transformó en un fenómeno de observación masiva donde abundaron el resentimiento, la ironía y la obsesión muy local por comentar los nombres ajenos.

Las reacciones fueron inmediatas y feroces. Una usuaria compartió el primer plano de la bebé con la leyenda “Cuando nacés y te dicen Estrelicia Domitila”, mientras otros asociaron el nombre con bacterias estomacales o apodos inevitables. “De cariño le van a decir Cagadera”, escribió un usuario conocido por su tono corrosivo. En otro extremo, una tuitera reclamó la autoría intelectual del nombre y acusó a Tenenbaum de haberle “cagado” la idea. Las respuestas más repetidas fueron las de quienes sospechan que la escritora buscó, a propósito o por reflejo profesional, un impacto estético que terminó funcionando demasiado bien.

Entre tanto, los defensores ocasionales aparecieron con el libreto clásico: que los nombres inventados son parte de una tradición literaria, que la hibridez lingüística puede ser un gesto identitario, que la criatura no tiene la culpa. Pero la corriente dominante fue la del desconcierto divertido, amplificada por los montajes y capturas que ya circulan como estampitas digitales: la mirada entre incrédula y fastidiada de la bebé, el envoltorio con textura de tapiz antiguo, y la certeza, repetida con cinismo cariñoso, de que cualquier nombre grandilocuente termina en un apodo doméstico tipo “Pocha”.

Hacia la tarde, la discusión había dejado atrás el territorio del chiste para instalarse como un pequeño laboratorio social. Algunos usuarios de X señalaron que el episodio confirma una tendencia en la que padres del ambiente cultural mezclan referencias botánicas, latinas, rockeras y vintage hasta dar con nombres que parecen salidos de una novela victoriana. Otros imaginaron a Estrelicia Domitila convertida en presencia inevitable de la próxima Feria del Libro, rodeada de lectores dispuestos a descifrar el sentido oculto de su bautismo. La idea que sobrevoló, sin necesidad de explicitarla, fue que este nacimiento abrió una puerta inesperada para futuras interpretaciones, proyectos y apariciones públicas. La beba ya consiguió lo que para muchos escritores es una utopía: transformarse en tendencia antes de decir su primera palabra.

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