El gobierno de Senegal encendió las alarmas tras detectar un flujo constante de turistas que abandonan las playas cargando frascos de arena, etiquetados luego en Europa como “superfood mineral crudo”. La tendencia, impulsada por influencers de bienestar con millones de seguidores, promete desde “energía ancestral” hasta “desintoxicación oceánica”. En Dakar observan la escena con resignación: la extracción masiva ya empieza a erosionar sectores protegidos, mientras en redes los gurúes aseguran que “la Tierra siempre provee”.
La situación escaló cuando hospitales de París, Berlín y Barcelona reportaron las primeras internaciones por consumo del polvo, mezclado con agua o yogurt para obtener “textura ceremonial”. En un comunicado, el Instituto Europeo de Seguridad Alimentaria advirtió que el producto contiene restos orgánicos, microplásticos y, en algunos casos, trazas fecales. El detalle no calmó a los usuarios, que multiplicaron videos relatando “síntomas de purificación extrema”.
Fuentes diplomáticas señalan que Senegal evalúa restricciones a la salida de arena en vuelos internacionales, una medida que ya irrita a agencias de turismo y a toda la industria que vive de vender exotismo envuelto para Instagram. En Bruselas circula un borrador que plantea regular “productos naturales no alimentarios comercializados como suplementos”, aunque nadie se anima a redactarlo sin reírse.
Mientras tanto, los influencers responsables de la moda continúan promoviendo la mezcla como “oro blando del Atlántico”. En Europa temen que la tendencia crezca y se convierta en otro movimiento de consumo irresponsable disfrazado de espiritualidad. En Senegal, en cambio, solo esperan que el entusiasmo pase rápido, antes de que medio continente decida desayunar playas enteras.

