Volvieron por la puerta de atrás: trabajadoras sexuales expulsadas de OnlyFans arman “Hidden”, su propia plataforma

En California aseguran que lo más disruptivo que pasó en 2025 no fue un nuevo producto de Google ni una promesa de inteligencia artificial, sino el desembarco de Hidden, la plataforma de contenido íntimo que está siendo construida por trabajadoras sexuales y que muchos en Silicon Valley miran con una mezcla de fascinación y pánico preventivo.

Detrás del proyecto aparece Stella Berrey, performer, programadora autodidacta y activista, que se volvió célebre en pleno encierro pandémico cuando declaró en una entrevista que “adoraba el sexo anal”. La frase se viralizó, los medios la convirtieron en una caricatura moralizante, pero para Stella fue la puerta de entrada a un fenómeno económico inesperado.

En su primera semana en OnlyFans, Berrey ganó 8.000 dólares. En la segunda, 40.000. Y en pocos meses alcanzó un récord que todavía circula como mito entre los creadores de contenido: 300.000 dólares mensuales. “Un mes gané más que un CEO de fintech”, suele decir en tono de broma ácida. 

Pero esa explosión de ingresos no vino sin advertencias. En medio del furor, OnlyFans amagó con prohibir el contenido explícito para tranquilizar a bancos y fondos de inversión. Fue entonces cuando Berrey entendió que su negocio no dependía de su talento, sino del humor de un directorio con alergia al porno.

La génesis: una plataforma donde las creadoras mandan

Así nació Hidden, un proyecto que mezcla cooperativismo, estética de startup y militancia por los derechos laborales de la industria sexual. El pitch es claro: una plataforma tipo TikTok, con scroll infinito y diseño amigable, pero organizada por categorías explícitas -BDSM, modelos de fisting, usuarias de dildo, parejas amateurs, etc.- y sin la amenaza constante de la censura corporativa.

“Estamos hartas de que los algoritmos nos escondan por mostrar piel, mientras muestran violencia explícita todo el día”, dijo Berrey en la presentación privada ante activistas, abogadas y un par de inversores progresistas que vieron el filón político del proyecto.

A diferencia de OnlyFans, Hidden promete comisiones más bajas y transparentes, moderación basada en consentimiento y segmentos de nicho visibles. “Es simple: la plataforma es nuestra. No queremos pedir permiso para existir”, resumió Stella.

El fantasma del 2021: cuando un amague de prohibición hizo temblar a toda la industria

El episodio de 2021, cuando OnlyFans quiso prohibir el contenido explícito, marcó a toda una generación de creators. El miedo a que el negocio se evaporara de un día para otro impulsó a Berrey y a otras trabajadoras sexuales a apostar por una plataforma propia, sin un consejo de administración que pueda borrar carreras enteras por presión de Visa o PayPal.

En Sacramento, funcionarios del ala demócrata que trabajan en regulación digital admiten en voz baja que Hidden podría convertirse en un “precedente incómodo”: una plataforma exitosa creada al margen del capital corporativo.

El crecimiento silencioso: listas de espera, mentores tech y lobby blando

Aunque todavía está en fase beta, Hidden acumula más de 70.000 preinscriptas, incluyendo creadoras expulsadas de TikTok por “violación de normas comunitarias” tan ambiguas que prohíben desde mostrar pezones hasta nombrar prácticas sexuales.

La plataforma consiguió apoyo de organizaciones de trabajadoras sexuales, aunque mantiene la distancia con la estética cripto o DAO. “No queremos un casino financiero; queremos estabilidad, ingresos y control”, explican.

En Silicon Valley, algunos fundadores reconocen que Hidden podría convertirse en un “caso de estudio” sobre cómo los colectivos marginados usan tecnología para disputar poder económico.

¿Startup o movimiento social? El dilema que inquieta a las big tech

El ecosistema tech aún no decidió si tratar a Hidden como una amenaza comercial o como una curiosidad sociopolítica. El riesgo, dicen analistas, es que los números de Berrey empiecen a repetirse entre creadoras expulsadas del mainstream.

La plataforma, entretanto, se mueve con sigilo. Evita alianzas visibles, habla poco con medios y usa un discurso que mezcla derechos laborales, cultura digital y pragmatismo económico.

Fiel a su estilo, Berrey lo resume en una frase que ya circula como tagline informal de la plataforma:

“No nos querían en la puerta principal. Entramos por atrás. Y ya saben: atrás siempre nos sentimos cómodas”.

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