El legado de Juan José Mussi, un estratega que marcó a Berazategui

La muerte de Juan José Mussi deja un vacío difícil de llenar en el conurbano sur, donde su figura fue sinónimo de continuidad institucional y obra pública durante más de tres décadas. Médico de profesión y dirigente peronista de estilo clásico, Mussi convirtió a Berazategui en un distrito con identidad propia dentro de la Tercera Sección Electoral. Su gestión se caracterizó por una apuesta constante a la infraestructura sanitaria, la expansión de los servicios básicos y la creación de instituciones locales que ordenaron la vida urbana en un municipio que creció a un ritmo acelerado.

Uno de los rasgos distintivos de su liderazgo fue su capacidad para mantener cohesionado un territorio históricamente atravesado por la fragmentación social. Bajo su conducción se consolidaron los centros de atención primaria, se desarrollaron polos deportivos y culturales y se impulsaron reformas urbanas que reconfiguraron barrios enteros. Su estilo, a veces paternalista pero siempre cercano, fue parte de la trama política que mantuvo al peronismo en el poder local incluso en épocas de fuerte desgaste nacional.

La relación con Cristina y el rol en el kirchnerismo bonaerense

La relación de Mussi con Cristina Fernández de Kirchner fue particular y estratégica. Sin ser parte del núcleo más íntimo del kirchnerismo, logró construir un vínculo fluido y pragmático que le permitió asegurarse obras clave para el distrito. Cristina valoraba su capacidad de gestión y su orden político, dos atributos que no abundaban en el conurbano en tiempos de tensiones internas. Mussi, por su parte, supo moverse con discreción entre las diferentes corrientes del oficialismo, manteniendo siempre la autonomía necesaria para preservar el mando en Berazategui.

Durante los años más intensos del kirchnerismo, el intendente actuó como un puente confiable entre Nación y municipio. Fue un defensor activo de políticas de inclusión social y de ampliación de derechos, al tiempo que mantenía un discurso moderado y enfocado en la gestión local. Esa combinación lo convirtió en una figura respetada tanto por los sectores más duros del espacio como por los que buscaban una impronta más técnica y menos confrontativa.

Un cierre de ciclo y una marca que perdurará

La despedida de Mussi abre una etapa de transición para Berazategui, donde su familia política —literal y figurada— deberá redefinir liderazgos y prioridades. Su presencia se volvió parte del paisaje institucional del distrito, y su ausencia obliga a una revisión profunda del modelo de gestión que instaló durante tantos años. Más allá de la continuidad administrativa, la pregunta pendiente es cómo reconstruir un estilo que combinaba control territorial, sensibilidad social y un conocimiento minucioso de cada barrio.

El legado que deja es el de un dirigente que entendió el municipalismo como una forma de militancia cotidiana, anclada en obras concretas y en la cercanía con los vecinos. Su figura, con luces y sombras como la de cualquier intendente con larga permanencia en el cargo, quedará asociada a una etapa de expansión y consolidación para Berazategui. En el conurbano, donde la política suele ser vertiginosa y efímera, Mussi logró algo poco frecuente: construir una marca personal que seguirá pesando en la vida pública del distrito durante muchos años.

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