Ambos fueron encontrados con heridas compatibles con cuchillo y, según fuentes policiales y reportes de medios estadounidenses, su propio hijo, Nick Reiner, fue interrogado como persona de interés en la causa, en lo que algunos medios describen preliminarmente como un caso de violencia familiar que ha conmocionado a la industria y al público global.
Reiner nunca fue un nicho reducido en la historia del cine norteamericano: su trayectoria comenzó con el personaje de Michael “Meathead” Stivic en la sitcom All in the Family, que le valió dos premios Emmy y lo colocó en el radar cultural de Estados Unidos, y continuó detrás de cámaras con una filmografía variada y perdurable. Como director, firmó títulos que hoy forman parte del canon popular y, en el terreno del thriller, adaptó con maestría Misery, la novela de Stephen King que quedó como uno de los hitos del cine de terror psicológico de la década de 1990. Las escenas de su asesinato hacen pensar en el clímax de esa película.
Más allá de su obra artística, Reiner fue también una voz pública comprometida con causas sociales y políticas de largo alcance, un activista liberal persistente en debates sobre justicia social, derechos civiles y políticas públicas, lo que lo mantuvo en el centro de discusiones culturales más allá de la pantalla. El impacto de su muerte, en circunstancias tan trágicas, reverbera no solo entre colegas y cinéfilos sino también entre quienes ven en su carrera un ejemplo de cómo el cine puede articular arte popular y reflexión social. Las investigaciones están en curso, las autoridades han solicitado órdenes de registro y la familia ha pedido respeto por su duelo. ¿Parricidio?

