Los psicólogos detectan un nuevo tipo de personalidad: los “otrovertidos” están entre nosotros

Los psicólogos les pusieron nombre hace poco, pero el fenómeno viene madurando hace años: los “otrovertidos” no son un subtipo más dentro del catálogo de personalidades, sino la forma subjetiva que mejor se adapta al clima de época.

No destacan por su carisma ni por su introspección, sino por una habilidad menos celebrada pero más eficaz: “leer el contexto y no quedar atrapados en él”.

A diferencia de los introvertidos clásicos -que defendían la interioridad como refugio- y de los extrovertidos tradicionales -que encontraban identidad en la exposición-, los otrovertidos operan desde la administración del riesgo. Saben cuándo mostrarse, cuándo retraerse y cuándo pasar desapercibidos. No por inseguridad, sino por cálculo. En un mundo donde todo queda registrado, la prudencia dejó de ser un rasgo moral para convertirse en una estrategia vital.

El fenómeno se vuelve especialmente visible entre generaciones formadas en la inestabilidad permanente. Jóvenes que nunca conocieron un mercado laboral previsible, que aprendieron a comunicarse bajo métricas de rendimiento y que entendieron temprano que la identidad fija es un pasivo. Para ellos, no se trata de “ser uno mismo”, sino de “no quedar mal posicionados”.

Este desplazamiento no pasó inadvertido para el mercado ni para la política. Reclutadores, consultores y armadores coinciden en el diagnóstico: los otrovertidos son funcionales porque no rompen. Circulan con facilidad entre espacios ideológicos, laborales y afectivos sin generar fricción. No lideran con épica, pero sostienen estructuras. No confrontan, pero permanecen.

En ámbitos académicos, la discusión es más ambigua. Algunos celebran la categoría como una actualización necesaria de la psicología de la personalidad, demasiado anclada en oposiciones simples. Otros la leen como un síntoma inquietante: cuando adaptarse se vuelve la norma, el conflicto desaparece del horizonte subjetivo. No porque se haya resuelto, sino porque dejó de ser rentable.

Los otrovertidos no son una moda ni un rasgo emergente: son el producto lógico de una época que castiga el exceso, archiva el error y premia la flexibilidad sin ruido. En la era del ajuste permanente, la personalidad ya no es una identidad: es un dispositivo de navegación.

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