Un incendio de gran magnitud destruyó un depósito de baterías de litio en la periferia de una ciudad industrial del este de China y obligó a las autoridades locales a emitir una serie de recomendaciones sanitarias tan urgentes como imprecisas. Entre ellas, cerrar puertas y ventanas, reducir actividades al aire libre y “evitar respirar profundamente”.
El siniestro se desató en un complejo utilizado para el almacenamiento de baterías destinadas a la industria tecnológica y automotriz. Bomberos trabajaron durante horas para controlar las llamas, complicadas por la combustión química propia del litio, mientras columnas de humo grisáceo avanzaban sobre barrios cercanos. Voceros oficiales aseguraron que “no hubo víctimas fatales”, aunque evitaron precisar la composición exacta de los gases liberados.
Especialistas en seguridad industrial señalaron que este tipo de incendios resulta especialmente difícil de contener y que los depósitos de baterías se multiplicaron en los últimos años al ritmo del crecimiento de los vehículos eléctricos y el almacenamiento energético. En paralelo, vecinos denunciaron irritación en ojos y garganta y una fuerte sensación metálica en el aire, síntomas que no fueron incluidos en los primeros comunicados oficiales.
El episodio vuelve a poner en primer plano el costo ambiental de la transición energética acelerada y la distancia habitual entre los comunicados tranquilizadores y la experiencia cotidiana de quienes viven cerca de estos polos industriales. Mientras continúan las tareas de enfriamiento y monitoreo, las autoridades reiteraron su recomendación principal: mantenerse en casa, ventilar lo menos posible y respirar con moderación. Una consigna simple para una industria que promete futuro limpio, pero sigue incendiándose en el presente.

