La versión circula desde antes de la invasión rusa, pero ganó un tono más oscuro desde que la zona de Chernóbil volvió a quedar en el mapa por razones bélicas. Guías turísticos asociados a los recorridos por la central y Prípiat serían, según relatos insistentes, portadores de una vitalidad sexual fuera de escala. No hay pruebas, solo testimonios que sobreviven en reseñas, foros de viaje y chats privados. “Pensé que era sugestión hasta que sonó una alarma aérea y él siguió hablando como si nada. Esa calma se trasladaba a todo”, relató una turista alemana que visitó Ucrania semanas antes del recrudecimiento del conflicto.
Algunos guías aceptan el lugar que les asignó el rumor, aunque lo explican sin épica. “Vivimos con radiación controlada, ahora con guerra, y antes con abandono. El cuerpo se acostumbra a funcionar bajo presión”, afirmó Oleksandr M., ex guía que dejó los tours en 2023 y hoy colabora con tareas logísticas. Otro trabajador del sector fue más crudo: “La gente viene buscando catástrofe, peligro y contacto humano intenso. Después lo traduce como quiere”. En redes, varias viajeras coincidieron en que “no era seducción, era resistencia”.
Desde la salud mental, el diagnóstico es menos misterioso. Un psiquiatra ucraniano consultado por un medio de Kiev explicó que “el estrés crónico, la amenaza constante y la conciencia de muerte inminente pueden generar conductas de hiperactivación”. Un especialista en sexualidad añadió que “en contextos de guerra, el deseo se vuelve una forma primitiva de afirmación vital”. Nada sobrenatural, nada nuclear: puro sistema nervioso al límite.
Con los tours suspendidos o severamente restringidos por el conflicto armado, el mito sigue circulando sin posibilidad de verificación. Chernóbil, hoy atravesada por soldados y drones, dejó de ser un destino turístico para convertirse en escenario de guerra. Pero la fantasía persiste: incluso cuando todo alrededor se derrumba, hay quienes necesitan creer que alguien, en medio del desastre, todavía funciona demasiado bien.

