Formalmente, la interna del peronismo en Morón trata de eso: de elegir autoridades partidarias, ordenar la conducción y discutir el rumbo local. Pero en el peronismo real, el que camina por la vereda y no por los documentos, todos saben qué se juega en serio: control del partido ahora, capacidad de condicionar el armado después. En plena tensión bonaerense entre La Cámpora y el universo que orbita alrededor de Kicillof, Morón vuelve a demostrar que el “debate estratégico” siempre llega con subtítulos.
El problema es que esta vez la discusión dejó de ser prolija incluso para los estándares de una interna peronista. Barquero quedó pegado a un episodio grave: vecinos denunciaron que los llevaron con la promesa de un plan social, los hicieron firmar contratos como empleados de la Legislatura bonaerense y los sueldos no los cobraban ellos. “Acá vinieron varios llorando, con papeles en la mano, porque les habían dicho una cosa y firmaron otra”, aseguró una fuente del peronismo local que pidió reserva de identidad. “Después se enteraron de que figuraban como empleados, pero en la cuenta no les entraba nada. Es el sistema de siempre: uno pone la firma, otro cobra y nadie se hace cargo”.
En el distrito, el respaldo de Sabbatella a Barquero no se lee como un gesto inocente ni como una casualidad: se interpreta como una decisión. Y eso es lo que convierte una elección partidaria en un escándalo político. Porque se puede discutir conducción, se puede discutir poder, se puede discutir el futuro; lo que cuesta es explicar por qué, en medio de una interna que supuestamente ordena al peronismo, el nombre que se empuja es el de alguien que representa exactamente lo que la gente ya está harta de sospechar.

