En el Concejo Deliberante local se consolida una escena que incomoda a propios y ajenos: concejales del PRO y de La Cámpora vuelven a coincidir en votaciones clave que impactan de lleno en el funcionamiento del gobierno. No hay comunicados ni acuerdos explícitos, pero la repetición de esos alineamientos alimenta una lectura que ya circula sin demasiados rodeos por los pasillos: cuando llega el momento de levantar la mano, la grieta se vuelve decorativa.
Dentro de ese esquema, el nombre que aparece como síntesis del fenómeno es el del concejal Claudio Faro. Formalmente enrolado en el PRO, su desempeño legislativo es interpretado como funcional a un armado político más amplio. En el recinto, distintas fuentes lo ubican jugando en sintonía con el espacio que responde a Diego Spina, dirigente peronista con peso propio y hombre de confianza de Martín Sabbatella.
Sabbatella, aunque alejado de la intendencia, conserva influencia en la política local y mantiene presencia institucional a través de concejales y estructuras que siguen de cerca cada movimiento del Concejo. En ese contexto, las coincidencias entre el PRO y La Cámpora —todas visibles en votaciones públicas— aparecen como una herramienta para condicionar la gestión y reordenar el tablero político sin asumir costos explícitos.
Desde el oficialismo se subraya que el Ejecutivo actúa dentro de los carriles institucionales y que el Concejo es el ámbito natural del debate. Sin embargo, la reiteración de acuerdos entre fuerzas que a nivel nacional se presentan como irreconciliables deja una conclusión incómoda flotando en el aire: cuando el poder entra en juego, las diferencias se diluyen rápido. Y el mensaje, una vez más, no está en los discursos sino en los votos.

