Alarma total por la salud de los monotributistas: Cavalieri fue a ver a Lugones y dejó flotando una amenaza explosiva

El histórico jefe de Comercio le advirtió al ministro que el sistema ya no estaría en condiciones de seguir subsidiando el derrumbe. En OSECAC hablan de un desfasaje insostenible y miles de afiliados podrían quedar a un paso de la intemperie sanitaria.

La escena tuvo algo de reunión técnica y bastante de parte de guerra. Armando Cavalieri, uno de los pocos sobrevivientes de la era de los teléfonos con cable, fue a sentarse con Mario Lugones para decirle algo bastante simple y nada tranquilizador: con los aportes actuales de los monotributistas, las obras sociales ya no cierran por ningún lado. Lo que durante años se sostuvo a fuerza de parches, paciencia y contabilidad creativa, ahora amenaza con transformarse en una postal bastante menos elegante: miles de personas pagando para descubrir que la cobertura médica era, en rigor, una ficción administrativa.

En OSECAC buscaron aclarar que no se está planteando echar monotributistas del sistema, pero el tono del mensaje tuvo la sutileza de una sirena antiaérea: si la desfinanciación sigue profundizándose, no sólo quedaría en riesgo la atención de ese universo, sino también la del resto de los afiliados. Traducido al castellano de ventanilla: el esquema dejó de ser apenas injusto y empezó a parecer inviable. Actualmente, más de 300.000 monotributistas reciben cobertura a través de esa obra social, una cifra lo bastante grande como para que el problema deje de ser sectorial y pase a oler a mini bomba social con sello del Ministerio de Salud.

El dato incómodo es que la advertencia no llega desde una ONG opositora ni desde un panel de opinólogos en estado de excitación permanente, sino desde el corazón mismo del sistema sindical de salud. Y cuando un veterano como Cavalieri decide encender la luz roja, no suele ser por deporte ni por ganas de sumar dramatismo al otoño. El mensaje a Lugones habría sido brutal en su simpleza: o alguien corrige el desfasaje entre aportes y costos reales, o el Estado va a terminar recibiendo por la ventana a una masa creciente de pacientes expulsados de hecho hacia el hospital público.

Así, mientras el Gobierno sigue vendiendo eficiencia con PowerPoint y tono de CEO en podcast, debajo de la alfombra se acumula un problema bastante más áspero: gente que aporta, pero podría quedarse sin cobertura igual. Una de las especialidades argentinas, al fin y al cabo, consiste en cobrar como si hubiera sistema y descubrir después, con timing perfecto, que el sistema era apenas una puesta en escena con credencial plástica.

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