24 de marzo: Kicillof y Máximo montaron su propia interna en plena Plaza y la “unidad” quedó como decorado

En el acto por el golpe, el gobernador y el jefe de La Cámpora compartieron escenario, pero no proyecto: gestos fríos, mensajes cruzados y una tregua que duró lo que un aplauso.

La Plaza de Mayo volvió a llenarse por el aniversario del golpe de 1976, pero entre consignas de memoria y críticas al Gobierno, se coló otro espectáculo menos solemne: la convivencia forzada entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner, dos socios que ya ni disimulan el desgaste. Según reconstruyeron cronistas de Letra P y otros portales, el acto funcionó más como una pasarela de tensiones que como una postal de unidad.

Kicillof, con tono institucional y mirada de gobernador en campaña permanente, buscó pararse por encima de la interna. Máximo, en cambio, se movió en clave militante, con mensajes que algunos interpretaron como advertencias internas más que como críticas al oficialismo nacional. En los pasillos improvisados de la Plaza, se comentaba que la coordinación entre ambos equipos “fue mínima” y que cada uno cuidó su propio libreto como si el otro fuera competencia directa.

Las diferencias no son nuevas, pero el 24 de marzo les dio una escenografía incómoda: organismos de derechos humanos, columnas políticas y miles de personas de fondo, mientras la dirigencia jugaba su propio ajedrez. Trascendió en redes que hubo intentos de mostrar fotos conjuntas y gestos de armonía, aunque varios asistentes deslizaron que “la frialdad se notaba incluso desde abajo del escenario”.

La postal final dejó una sensación conocida en el peronismo reciente: unidad en formato storytelling, con subtítulos que nadie termina de creer. La tregua, si existió, habría durado lo suficiente para la foto. Después, cada uno volvió a lo suyo: Kicillof a construir volumen propio y Máximo a recordar que, en ese territorio, nadie se mueve sin su venia. Como siempre, la épica quedó intacta; el problema es lo que pasa cuando se apagan los parlantes.

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