La NASA avanza con la misión Artemis II vendiendo futuro, cooperación internacional y regreso triunfal a la Luna. Pero debajo de la narrativa épica, hay un tema que vuelve como un boomerang: cagar en el espacio sigue siendo un problema. Y no uno menor. Según trascendidos que circularon en medios como Infobae, la recomendación de evitar el uso del baño en ciertos momentos del vuelo no es paranoia: es memoria reciente.
El antecedente es concreto. Durante la misión no tripulada Artemis I, la cápsula Orion sufrió filtraciones en su sistema de manejo de residuos. El problema se detectó tras el regreso a la Tierra, cuando los ingenieros encontraron que parte del líquido —simulando orina— se había escapado por una conexión defectuosa, acumulándose en zonas internas de la nave. No era exactamente materia fecal flotando por la cabina, pero el mensaje fue lo suficientemente claro: si eso pasaba con humanos a bordo, la situación podía escalar rápido de incómoda a directamente crítica.
La historia tiene antecedentes poco gloriosos. En el Apollo program, los astronautas defecaban en bolsas adheridas al cuerpo. Las transcripciones oficiales registran discusiones absurdas sobre excremento flotando en la cabina, algo que ni el marketing más optimista logra romantizar. Décadas después, la tecnología evolucionó hacia sistemas de succión, pero el principio sigue siendo el mismo: en microgravedad, nada “cae”, todo depende de que funcione perfectamente… o de que el usuario no falle.
El astronauta canadiense Chris Hadfield lo explicó sin poesía: usar el baño en el espacio requiere entrenamiento específico y margen de error cero. En la Estación Espacial Internacional, los tripulantes practican con cámaras para asegurarse de que están correctamente posicionados antes del despegue. “Si fallás, lo sabés enseguida”, deslizó en más de una charla. Ingenieros de la NASA también reconocieron que Orion, al ser más compacta que la ISS, tiene un sistema sanitario más limitado, pensado para misiones cortas pero exigentes.
Con ese historial, la recomendación para Artemis II empieza a sonar menos exagerada. Evitar el uso del baño en fases críticas no es una manía, es gestión de riesgos. Nadie quiere descubrir en tiempo real qué pasa cuando un sistema ya defectuoso decide fallar a cientos de miles de kilómetros de la Tierra.
Mientras la NASA proyecta bases lunares y misiones a Marte, la escena tiene algo de ironía involuntaria: la humanidad puede diseñar cohetes que escapan de la gravedad, pero todavía tropieza con algo tan básico como ir al baño sin consecuencias. La conquista del espacio sigue avanzando, sí. Solo que, por ahora, con una condición implícita: mejor no tener urgencias.

