Escándalo en Hurlingham: sin anuncios ni debate, el municipio habría entregado el Polideportivo a “Chiqui” Tapia y se afianza un modelo sin controles

El intendente Damián Selci, junto a Florencia Lampreabe y el núcleo duro de La Cámpora local, avanzaron —según denuncias y trascendidos— en la cesión del predio a Claudio "Chiqui" Tapia. Viejos antecedentes, nuevos silencios y un patrón que ya no sorprende.

Sin conferencias, sin documentos visibles y con una eficacia quirúrgica para evitar explicaciones, el Polideportivo Municipal de Hurlingham habría cambiado de manos. En el terreno, los indicios son más elocuentes que cualquier comunicado inexistente: cartelería vinculada a Barracas Central, movimientos internos y una transición que parece haber ocurrido sin que nadie considerara necesario avisar. En la práctica, una cesión de hecho. En lo formal, un misterio administrativo.

El contraste con 2017 roza lo incómodo. El acuerdo con Club Atlético River Plate pasó por audiencias públicas, debates legislativos y aprobaciones institucionales que hoy parecen un lujo innecesario. Aquella experiencia dejó infraestructura de primer nivel y un proceso participativo que, visto en perspectiva, resulta casi ingenuo. Nueve años después, el mismo predio cambia de lógica: menos discusión, más discrecionalidad .

Fuentes reservadas del ámbito deportivo local coinciden en que “el desembarco estaba cerrado desde hace meses” y que la gestión de Selci “solo esperó que River liberara el espacio para avanzar sin ruido”. Desde el entorno oficial, en cambio, se habla de “articulación estratégica con AFA”, una fórmula que funciona como comodín semántico: dice todo sin comprometer nada. Para la oposición, el cuadro es más directo: un esquema reiterado de acuerdos opacos con actores del fútbol, como ya ocurrió con el uso del microestadio por parte de Boca Juniors.

El telón de fondo suma ruido. La denuncia por presunta estafa en el centro de captación de Argentinos Juniors en Hurlingham —donde familias afirmaron haber pagado por oportunidades inexistentes— vuelve a circular como recordatorio de un ecosistema con controles más bien decorativos. Un antecedente que incomoda justo cuando el municipio vuelve a moverse en esa zona gris donde deporte, política y negocios se superponen con bastante naturalidad.

Mientras el expediente del acuerdo sigue sin aparecer —si es que existe—, la gestión de Selci, Lampreabe y La Cámpora parece consolidar un estilo: decisiones rápidas, papeles lentos y vecinos como espectadores de procesos ya cerrados. En Hurlingham, al parecer, la transparencia también juega de visitante.

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