Adolescentes eternos en llamas: las cartas “Magic” imprimieron de más y sus directivos van a juicio en USA

Accionistas denuncian que la sobreimpresión de cartas y sets especiales diluyó el valor del producto y engañó a inversores.

Desde su creación en 1993 por la compañía Wizards of the Coast (luego adquirida por Hasbro en 1999), las cartas de Magic: The Gathering se convirtieron en el arquetipo de juego de cartas coleccionables: miles de ilustraciones, mecánicas complejas y un mercado secundario tan vivo como críptico. Para una legión de jugadores -entre los que predominan consumidores de streamings, gamers nostálgicos, adictos a la marihuana y demás adolescentes eternos que se resisten a aceptar la finitud de la vida- Magic no es solo un hobby, sino un estilo de existencia: cada set es una “dimensión” para habitar, cada carta un talismán que promete trascender la rutina. La insistencia en imprimir cada vez más cartas y expansiones fortaleció ese culto al objeto en bruto, alimentando un consumo de “eterno retorno” que desafía la escasez tradicional y transforma cada lanzamiento en un rito de paso intergeneracional que funciona como un ejemplo desgraciado de fetichismo de consumo.
Pero la misma lógica expansiva que nutre el fervor de ese microcosmos ha desencadenado una controversia legal que ahora salta de las mesas de juego a las cortes de Estados Unidos. A inicios de 2026, accionistas de Hasbro presentaron demandas alegando que la compañía y sus directivos, incluido el CEO Chris Cocks, “sobreimprimieron” cartas de Magic: The Gathering y emitieron declaraciones engañosas a inversores para ocultar el efecto diluidor de esa estrategia. Según la demanda, esta producción masiva de sets que incluye versiones de 30º aniversario y productos con licencias ampliadas habría inundado el mercado, devaluado cartas existentes y debilitado el valor de marca con el fin de compensar déficits en otras áreas del negocio. Las quejas, recogidas por medios en inglés, señalan que la sobreoferta fue defendida internamente como una “estrategia de segmentación” e incluso utilizada para inflar resultados financieros antes de recompras de acciones, a pesar de señales de que la demanda real estaba decayendo.
En ese cruce entre economía especulativa y devoción lúdica, la “magia” que emerge no es solo carta impresa, sino el espejo distorsionado de una juventud que, incapaz de producir, se refugia en espacios oníricos mercantilizados por unos vivos. Si la mística de Magic nació para evocar mundos imposibles, hoy esa misma mística parece perseguir a Hasbro en salas de juntas y tribunales: ¿es la producción infinita un triunfo de la imaginación, o un hechizo que se volvió contra sus propios conjuradores?

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