Adolf Hitler arrasa en Namibia

Adolf Hitler Uunona, histórico dirigente de SWAPO en Ompundja, se encamina a otra victoria aplastante. Mientras su nombre dispara titulares globales, él repite que no tiene vínculos con el nazismo y que su padre “no sabía lo que representaba”.

En el norte de Namibia, el concejal Adolf Hitler Uunona vuelve a quedar al borde de un triunfo electoral que lo mantiene en el cargo desde 2004. Su distrito, Ompundja Constituency, es un bastión del gobernante SWAPO y ha sido testigo de victorias abrumadoras: en 2020 obtuvo 1.196 votos contra los 213 de su rival, y en 2015 directamente no tuvo oposición. El escenario de 2025 se mueve en la misma dirección, con un electorado que parece resolver la elección antes de que empiece.

La atención internacional no se concentra en sus políticas locales ni en la dinámica rural del norte namibio, sino en su nombre completo: Adolf Hitler Uunona. Varios medios repiten la misma frase que él da desde hace años: que su padre lo bautizó sin comprender la carga histórica asociada al dictador alemán. “No tengo ninguna conexión con esas cosas, no quiero dominar el mundo”, declaró alguna vez a la prensa europea. La explicación se volvió parte de su identidad pública, una especie de descargo automático que ofrece cada vez que su nombre sale del entorno local y entra en los portales globales.

La historia se sostiene sobre un contraste geográfico y cultural. Namibia fue colonia alemana y todavía mantiene rastros de esa herencia en su toponimia, su arquitectura y sus nombres propios. En Ompundja, sin embargo, ese dato no genera conmoción: Uunona hace su trabajo como cualquier otro dirigente local, supervisando caminos, emergencias estacionales y la vida cotidiana de una región inundable que depende de la agricultura de subsistencia. Lo que perturba no es su gestión, sino el malentendido inevitable que su nombre genera en el resto del planeta.

El resultado es un fenómeno que se repite cada vez que hay elecciones regionales: un dirigente sólido en su territorio, un nombre que se convierte en titular sin pedir permiso y un país que mira impasible cómo el mundo vuelve a sorprenderse por algo que, puertas adentro, ya dejó de ser novedad hace tiempo.

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