Argentina quedó señalada como el país más racista de Sudamérica según un informe de Infodex que analizó conductas, prejuicios estructurales y percepciones sociales en toda la región. El resultado cayó con la sutileza de un ladrillo: mientras algunos funcionarios minimizaron el ranking, en universidades y organizaciones civiles lo leyeron como un diagnóstico que llega tarde, pero llega. “No sorprende el puesto, sorprende la sorpresa”, sostuvo la socióloga Clara Mendizábal, quien hace dos décadas investiga xenofobia y movilidad interna.
El estudio comparó episodios de discriminación cotidiana, actitudes hacia minorías y reacciones públicas ante conflictos raciales. “Lo interesante es que no mide discursos programáticos, sino reflejos culturales”, explicó el antropólogo político Augusto Salvatierra. Según él, la contundencia del informe reside en que trabajó con miles de casos anónimos que muestran una preferencia nacional por negar el problema mientras se lo ejerce.
En sectores académicos se interpreta que la discusión recién empieza. Organizaciones que trabajan en comunidades migrantes señalan que la noticia circuló con dos emociones dominantes: desmentida inmediata y silencio incómodo. “Si las dos respuestas más frecuentes son negación y molestia, es probable que el índice esté midiendo algo real”, afirmó la investigadora en políticas públicas Luján Esteves, para quien el estudio expone lo que muchos prefieren tratar como excepción.
Infodex anticipó que ampliará su metodología en 2026 para profundizar en brechas regionales y cambios generacionales. Mientras tanto, los expertos coinciden en el diagnóstico más áspero: lo verdaderamente alarmante no es el lugar en el ranking, sino la incapacidad colectiva de discutir por qué el país llegó ahí sin que nadie lo note… o sin que nadie lo admita.

