Argentina, Cuba y Nigeria: Países donde el verano es sinónimo de apagón

En varios países, el verano no solo trae calor: trae cortes de luz previsibles, prolongados y naturalizados, al punto de convertirse en parte estable del calendario político y social. No se trata de emergencias aisladas ni de eventos climáticos extraordinarios, sino de sistemas eléctricos que llevan más de veinte años sin resolver su fragilidad estructural, y que colapsan cada vez que la demanda sube.

Cuba: el apagón como forma de vida

En Cuba, los cortes de electricidad dejaron de ser una contingencia para convertirse en un régimen cotidiano, especialmente durante los meses de verano. Desde hace más de dos décadas, la isla convive con apagones programados y no programados, que en los picos de calor superan ampliamente las 12 horas diarias y, en algunas regiones, alcanzan las 18 o 20 horas.

El problema no es coyuntural: centrales termoeléctricas obsoletas, dependencia del combustible importado y ausencia de inversión sostenida hacen que cada verano el sistema colapse de manera casi automática. El apagón es hoy una de las principales fuentes de malestar social y protesta, incluso más que la escasez de alimentos .

Nigeria: un país que nunca tuvo electricidad plena

Nigeria, la mayor economía de África, arrastra más de treinta años de colapsos eléctricos crónicos. En los meses de mayor temperatura, el sistema nacional entra en crisis permanente: cortes diarios, redes inestables y colapsos totales que afectan tanto a hogares como a industrias.

Aquí el verano expone una paradoja estructural: un país con enormes recursos energéticos incapaz de garantizar suministro continuo, debido a infraestructura deteriorada, vandalismo en líneas de transmisión, mala gestión y fragmentación institucional. Para millones de nigerianos, la electricidad es un servicio intermitente desde hace generaciones .

Sudáfrica: apagones programados desde hace más de una década

En Sudáfrica, el load shedding —apagones rotativos planificados— es parte del lenguaje cotidiano desde hace más de diez años, pero sus raíces se remontan a comienzos de los 2000. Cada verano, cuando la demanda sube, el sistema entra en modo defensivo: cortes escalonados que pueden durar varias horas por día.

El problema se concentra en Eskom, la empresa estatal, atrapada entre endeudamiento, falta de mantenimiento y retrasos crónicos en nuevas centrales. El resultado es una economía que funciona con generadores y una población que organiza su vida en función del horario del apagón .

Argentina: el colapso que vuelve todos los veranos

Argentina integra este grupo aunque con una particularidad: no vive apagones permanentes todo el año, pero cada verano el sistema eléctrico entra en zona de riesgo, y los cortes masivos reaparecen como un fenómeno cíclico desde hace más de veinte años.

Olas de calor intensas disparan el consumo residencial y exponen una red de distribución envejecida, cuellos de botella en transmisión y márgenes mínimos de reserva. El AMBA concentra los episodios más visibles: millones de usuarios afectados, subtes paralizados, semáforos apagados y barrios enteros sin suministro durante horas o días.

Informes técnicos de Cammesa advierten año tras año que la demanda máxima queda peligrosamente cerca del límite de generación disponible, lo que obliga a operar el sistema sin colchón de seguridad. El problema no es nuevo: la falta de inversiones sostenidas y la postergación de obras clave transformaron el verano en una temporada de tensión eléctrica estructural, independientemente del signo político del gobierno .

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