Aumentan los casos de hantavirus en Argentina: el 70% se concentra en una sola región y los expertos piden “mirar más de cerca” lo que se prefería no ver

Los nuevos registros corren el foco hacia el sur del país, donde la circulación del virus volvió a intensificarse. Infectólogos advierten que no hay mutaciones confirmadas, aunque los patrones recientes sugieren que algo en el ecosistema dejó de comportarse como antes.

El incremento de casos de hantavirus en Argentina volvió a exponer un problema que nunca terminó de irse: basta un ligero desbalance ambiental para que un virus instalado desde hace décadas recuerde que sigue ahí. Según los últimos reportes epidemiológicos, cerca del 70% de las infecciones se concentran en la región patagónica, un territorio donde los brotes suelen presentarse con una puntualidad inquietante. “No estamos ante un fenómeno inesperado, pero sí ante señales que conviene registrar con más atención de la habitual”, comentó el infectólogo Damián Calderón, consciente de que ese tipo de frases nunca tranquiliza a nadie.

Los especialistas insisten en que el mecanismo de transmisión sigue siendo el mismo: contacto con excretas de roedores infectados por cepas como Andes o Laguna Negra. Sin embargo, lo que llama la atención no es el virus en sí, sino el comportamiento de los roedores, cuya expansión territorial muestra variaciones sutiles pero constantes. “La fauna responde a cambios que a veces ni detectamos y, cuando los notamos, ya están instalados”, explicó la epidemióloga Carla Fuentes, del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas. Su conclusión es simple: el mapa se mueve aunque nadie lo anuncie.

El aumento de notificaciones también coincide con patrones climáticos irregulares, temporadas de mayor vegetación y desplazamientos humanos hacia zonas donde la interacción con roedores debería ser mínima. Todo encaja demasiado bien para el gusto de los epidemiólogos, que hablan de “combinaciones peligrosas”, expresión útil para evitar preguntas que preferirían no responder. Lo cierto es que cada vez que el ambiente se altera, el virus parece encontrar condiciones óptimas para circular.

Las autoridades sanitarias reforzaron medidas preventivas y recordaron las recomendaciones habituales: ventilar espacios cerrados, limpiar con elementos adecuados y evitar el contacto con roedores. Aun así, en varios hospitales del sur reconocen que este repunte obliga a revisar supuestos que se daban por estables. “No es necesario imaginar escenarios extremos —dijo Calderón—; alcanza con observar cómo están reaccionando las especies involucradas.” Lo dijo con la calma del experto, pero en estos temas la calma, más que un alivio, suele ser una advertencia.

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