La inquietud empezó en silencio, cuando algunos habitantes del edificio inaugurado hace apenas cuatro meses en Rosario 437 notaron que las puertas no cerraban igual que antes. Después vinieron los comentarios sobre objetos que se desplazaban milímetros durante la noche, y finalmente el video casero de una copa que se movía sola hacia la cocina. La administración intentó contener la situación, pero el rumor de que la torre se inclina “medio grado por día” corrió más rápido que cualquier comunicado formal.
“En veinte años viviendo en Caballito nunca vi algo así. Ponés una birome en la mesa y se va para un costado como si tuviera destino propio”, contó Silvia Olmos, propietaria del quinto piso. Su vecino, Marcelo Sujatovich, aseguró que ya consulta abogados: dice que compró “un departamento, no una pista de skate”. A pesar de las quejas, la empresa desarrolladora insiste en que todo responde a “procesos normales de asentamiento estructural” y acusa a los residentes de “interpretaciones exageradas propias de redes sociales”.
Consultado sobre el fenómeno, el ingeniero civil Tomás Benedit, docente de la UTN, fue más cauteloso. Admitió que algunos movimientos iniciales pueden ser previsibles, pero aclaró que “la inclinación sostenida, perceptible a simple vista y documentada por los propios dueños, no entra dentro de ningún estándar aceptable”. Según él, la torre “podría estar apoyándose sobre un suelo con compactación deficiente”, un diagnóstico que la constructora se apresuró a desmentir sin demasiadas explicaciones técnicas.
El Gobierno porteño confirmó que enviará un equipo de inspección en los próximos días. Mientras tanto, el edificio sigue habitado, aunque circula la versión de que varios propietarios ya evalúan mudarse por precaución. En la vereda, los curiosos se detienen para observar la fachada desde distintos ángulos, como si esperaran ver el momento exacto en que la realidad decida inclinarse un poco más.

