Cansado de tapar el sol con la mano, Javkin da los primeros pasos para legalizar Uber en Rosario

Después de casi siete años de gestión y con un sistema de colectivos cuestionado por sus frecuencias y tarifas, el intendente apuesta a las aplicaciones de transporte. Una medida que promete facilitar los viajes, pero deja intacto el principal problema de movilidad de la ciudad.

Después de años de mirar hacia otro lado, Pablo Javkin decidió enfrentar uno de los grandes problemas de movilidad de Rosario: legalizar Uber. El intendente envió al Concejo Municipal un proyecto para regular las plataformas digitales que ya funcionan en la ciudad, con exigencias de seguros, licencias profesionales y controles sobre los vehículos. La iniciativa se presenta como una respuesta a las necesidades de los rosarinos. Solo tiene un pequeño inconveniente: no resuelve ninguno de los problemas que enfrentan diariamente los usuarios del transporte público.

El sistema de colectivos rosarino acumula años de deterioro, con frecuencias insuficientes, pérdida de pasajeros y un boleto que desde octubre cuesta $2.150. Un relevamiento realizado sobre veinte líneas reveló que más de la mitad había empeorado sus frecuencias respecto de 2023, con casos extremos de esperas de hasta una hora y veinte minutos. Durante su gestión, Javkin no consiguió revertir esta situación. La ciudad tiene cada vez más dificultades para garantizar algo tan elemental como que un vecino pueda llegar a horario a su trabajo. Frente a semejante panorama, el intendente parece haber encontrado una solución bastante más económica que mejorar los colectivos: habilitar que cada uno se las arregle como pueda.

La legalización de Uber puede ordenar una actividad que ya existe, pero no agrega colectivos, no mejora las frecuencias ni abarata el boleto. Tampoco resuelve las dificultades de quienes no pueden pagar un automóvil particular cada vez que necesitan trasladarse. La propuesta confunde una alternativa individual con una política pública de movilidad. Después de años sin conseguir que el transporte funcione como debería, el municipio ofrece como novedad la posibilidad de utilizar un servicio que miles de rosarinos ya utilizan. Una innovación administrativa que consiste, fundamentalmente, en reconocer la realidad.

La oportunidad política de la iniciativa también alimenta interrogantes. En medio de su enfrentamiento con Juan Monteverde, referente de Ciudad Futura, ¿Javkin busca recuperar la iniciativa con una medida de impacto inmediato? La crítica de Monteverde se sintetiza en una frase: «Legalizar Uber puede ser necesario, pero no es una política de transporte público». Mientras el proyecto continúa empantanado en el Concejo, el problema sigue siendo exactamente el mismo. Después de casi siete años de gestión, Rosario todavía espera una solución para sus colectivos. Javkin podrá anunciar que modernizó la movilidad de la ciudad. Lo más difícil será explicárselo a los vecinos que siguen esperando el bondi.

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