En la Primera Nacional, la crisis es una constante conocida, casi un requisito de pertenencia. San Martín de Tucumán, Chacarita, Temperley, Nueva Chicago o Almirante Brown figuran desde hace años en listados informales de clubes con pasivos elevados, atrasos salariales o conflictos judiciales abiertos. Sin embargo, cada mercado de pases se repite el ritual: anuncios de incorporaciones, presentaciones con fotos oficiales y contratos que, al menos en los papeles, nadie termina de explicar cómo se financian.
Los balances presentados ante AFA muestran instituciones con ingresos limitados a derechos de televisión, sponsors locales y cuotas sociales en retroceso. Aun así, aparecen futbolistas con pasado reciente en Primera División o con salarios que, según reconocen dirigentes en privado, “no encajan en la realidad del club”. Desde Futbolistas Argentinos Agremiados vienen señalando de manera periódica atrasos de uno, dos y hasta tres meses en el pago de sueldos en equipos del ascenso, una situación que convive sin pudor con nuevos contratos firmados.
“Los números no dan, pero el fútbol no se maneja solo con números”, admite un dirigente de un club del conurbano bonaerense, que pide reserva de identidad. Un representante de jugadores, habitual en el mercado del ascenso, es más directo: “Se firman contratos esperando un ascenso, una venta o que alguien aparezca a cubrir el agujero. Es un sistema basado en promesas”. En los vestuarios, el clima suele ser más seco. “Te dicen que cobrás la semana que viene y mientras tanto entrenás igual”, resume un futbolista de un club histórico de la categoría.
La explicación nunca aparece en los comunicados oficiales. Se habla de aportes privados, adelantos de sponsors, ayuda de empresarios o acuerdos informales que no quedan asentados en ningún balance. La contabilidad formal describe clubes al borde del colapso; la contabilidad real, la que no se publica, sostiene planteles competitivos temporada tras temporada.
Así, el ascenso argentino sigue funcionando en una lógica paralela. Clubes fundidos que juegan como ricos, dirigentes que prometen lo que no pueden garantizar y futbolistas que aceptan condiciones precarias a cambio de una vidriera. Cada año se anuncian controles, auditorías y ordenamiento financiero. Cada año, el mercado de pases demuestra que la crisis es estructural, pero nunca lo suficientemente grave como para frenar la rueda.

