El final de Pinar de Rocha no fue un cierre administrativo más. La salida definitiva del predio se selló en el marco de una causa judicial que arrastraba años de conflictos por la tenencia, habilitaciones y condiciones de explotación del lugar. El expediente avanzó sobre irregularidades en la ocupación del terreno y derivó en una orden de desalojo que esta vez se ejecutó sin margen de reversión. Con participación de organismos provinciales y fuerzas de seguridad, el operativo terminó de concretar lo que durante años había quedado en suspenso.
El contexto regulatorio explica parte del desenlace. Desde la Tragedia de Cromañón, la provincia de Buenos Aires endureció controles sobre boliches bailables, con inspecciones más frecuentes y mayores exigencias de seguridad. En ese esquema, locales de gran escala como Pinar quedaron bajo observación permanente. Clausuras temporarias, reaperturas condicionadas y litigios judiciales pasaron a ser parte de una rutina que, en este caso, terminó con un cierre definitivo por la vía judicial.
Con el predio vacío, en Morón volvió a circular una versión que nunca terminó de disiparse. Dirigentes y operadores locales sostienen que Daniel Bellini habría sido durante años un engranaje informal del financiamiento político del espacio que lidera Martín Sabbatella, con vínculos directos con Diego Spina durante la etapa de mayor consolidación territorial del sabbatellismo. En ese esquema, se comenta que Spina pasaba mensualmente a retirar una “caja” o enviaba a integrantes de su equipo y personas vinculadas a su estructura política. Entre los nombres que circulan aparece el de Luciana Pietrafesa, cuñada de Spina y pareja de su hermano Mariano, señalada en versiones locales como parte de ese entramado informal.
Según ese mismo relato, ese circuito se habría desarticulado cuando Spina dejó de ocupar la Secretaría de Gobierno y el espacio perdió capacidad de intervención en el municipio. La secuencia que describen en voz baja es directa: mientras el poder político se sostenía, los conflictos judiciales quedaban contenidos o demorados; cuando ese respaldo se diluyó, las causas avanzaron sin freno. En ese contexto, la Justicia habría ejecutado la entrega inmediata del predio a partir del reclamo del propietario y una deuda acumulada por falta de pago.
En paralelo, el armado alineado con Lucas Ghi logró imponerse dentro del oficialismo local, dejando al sabbatellismo desplazado del centro de la escena. En ese marco, la clausura definitiva de Pinar aparece menos como un hecho aislado que como el desenlace de un cambio de época en la política de Morón.
En la zona, lejos de las lecturas estratégicas, los vecinos hacen cuentas más simples. “Esto venía con problemas legales hace años, no era solo el ruido o las peleas”, explicó un comerciante. Otra vecina lo resumió sin rodeos: “Si la Justicia avanzó y nadie lo frenó, es porque ya no había quién lo sostenga”. Por ahora, en el predio no habría planes inmediatos de reapertura: solo tareas de limpieza y acondicionamiento, con la expectativa de integrarlo a futuro a un desarrollo vinculado al complejo Showcenter, orientado a un perfil más familiar.
El cierre de Pinar de Rocha, duro golpe para el sabbatellismo en Morón
La clausura del histórico boliche del oeste se concretó tras una causa judicial y con intervención provincial. En Morón, resurgen versiones sobre su rol en el financiamiento político de un sector clave del espacio que lidera Martín Sabbatella

