El death metal también llora: murió Waldo, el loro cantante que marcó una época

Era la voz de Hatebeak y una rareza tomada en serio por el under metalero. Falleció en un hospital veterinario y dejó un vacío literal en el género.

El death metal, un género acostumbrado a cantar sobre la muerte, sumó esta semana una noticia difícil de parodiar incluso para sus propios estándares. Waldo, el loro gris africano que figuraba como cantante de la banda estadounidense Hatebeak, murió tras permanecer internado en un hospital veterinario. Tenía más de tres décadas de vida y una carrera que, sin proponérselo, puso en crisis la idea misma de autenticidad en el metal extremo.

Hatebeak se formó en 2003 y desde el comienzo presentó a Waldo como su vocalista. No como una mascota, no como un truco de marketing, sino como el cantante. Sus gritos, registrados y procesados en estudio, se convirtieron en la base vocal de discos editados por sellos independientes reales y reseñados con sorprendente seriedad por la prensa especializada. En un género obsesionado con la pureza y la intensidad, un loro terminó siendo más convincente que muchos humanos.

Según trascendió en redes y foros del under, Waldo fue llevado a un hospital veterinario luego de mostrar un deterioro general y dificultades respiratorias. Los veterinarios intentaron estabilizarlo, pero el ave murió bajo observación médica. “El único vocalista que no fingía brutalidad”, escribió un fan en un hilo que rápidamente se llenó de homenajes solemnes y fotos de vinilos. Otro fue más directo: “Cantaba exactamente como se siente el mundo”.

Los integrantes humanos de Hatebeak confirmaron la muerte sin dramatismo, casi como corresponde al género. “Waldo era Hatebeak”, señalaron en un mensaje breve. No hubo comunicados grandilocuentes ni anuncios póstumos. Solo la constatación de que incluso en el death metal, donde todo parece diseñado para sobrevivir a cualquier límite, hay algo que no resiste: el paso del tiempo. Y ni siquiera un loro que gritaba mejor que nadie pudo evitarlo.

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