El enemigo que llega en el plato: los alimentos que disparan los triglicéridos y pueden arruinar hasta la vida sexual

Gaseosas, alcohol, dulces, harinas blancas y calorías de sobra alimentan una amenaza que no duele ni avisa. La factura puede aparecer en las arterias, el páncreas, el corazón y también en la cama, con problemas de erección, deseo y excitación. El organismo, siempre considerado, suele cobrar después del postre.

Una gaseosa, dos medialunas, una pizza, varias cervezas y el postre “para compartir”. La escena parece una celebración bastante modesta de la vida moderna. Para el hígado, en cambio, puede ser otra jornada completa en la fábrica clandestina de grasa.

Los triglicéridos son un tipo de lípido que circula en la sangre. El organismo los necesita para almacenar energía, pero cuando recibe más calorías de las que utiliza convierte el excedente en triglicéridos y lo guarda en las células grasas. Si el procedimiento se repite todos los días, el depósito empieza a desbordarse. Y no manda una notificación.

Según Mayo Clinic, un nivel inferior a 150 miligramos por decilitro se considera saludable. Entre 150 y 199 es limítrofe; de 200 a 499, alto; y a partir de 500, muy alto. La hipertrigliceridemia suele descubrirse mediante un análisis de sangre, muchas veces cuando la persona todavía se siente perfectamente bien y conserva la conmovedora certeza de que todo aquello que no duele no existe.

Los sospechosos habituales

Los principales aliados de los triglicéridos altos no siempre son los alimentos visiblemente grasosos. El azúcar y los carbohidratos refinados pueden resultar decisivos porque aportan energía rápida que, cuando no se utiliza, termina convertida en grasa.

En la primera línea aparecen las gaseosas comunes, bebidas energéticas, jugos industriales, golosinas, helados, tortas, facturas, galletitas y cereales azucarados. Son productos capaces de aportar una enorme cantidad de azúcar sin producir demasiada saciedad. En términos metabólicos, una delicadeza: muchas calorías y escasos obstáculos.

Después llegan las harinas blancas. Panes, masas, pastas, pizzas, productos de panadería y snacks no son veneno por definición, pero su consumo habitual y excesivo puede elevar los triglicéridos, especialmente cuando forma parte de una dieta pobre en fibra y acompañada por sedentarismo. No hace falta bañarlos en grasa: el cuerpo puede encargarse de fabricar la suya.

El alcohol merece un capítulo propio. Es rico en calorías y azúcar y, de acuerdo con Mayo Clinic, tiene un efecto particularmente potente sobre los triglicéridos. Los tragos con gaseosas, almíbares o jugos azucarados reúnen en una sola copa dos problemas metabólicos. Una eficiencia admirable. Cuando los valores son muy altos, la recomendación es evitar completamente el alcohol.

También deben limitarse las grasas saturadas y eliminarse, en lo posible, las grasas trans presentes en ciertos productos ultraprocesados, frituras, comidas rápidas y artículos de pastelería industrial. La alternativa es privilegiar grasas provenientes de frutos secos, palta, aceite de oliva y pescados ricos en omega-3.

El verdadero problema, sin embargo, es menos cinematográfico que cualquier alimento “prohibido”: comer sistemáticamente más calorías de las que se gastan. Incluso una dieta presentada como saludable puede terminar elevando los triglicéridos si las porciones convierten cada comida en una mudanza.

Una amenaza sin sirenas

Los triglicéridos elevados pueden contribuir al endurecimiento y engrosamiento de las arterias. Esto aumenta el riesgo cardiovascular y suele convivir con obesidad abdominal, hipertensión, glucosa alta y niveles reducidos de colesterol HDL. Ese conjunto recibe el nombre de síndrome metabólico y eleva las probabilidades de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y diabetes tipo 2.

Cuando los triglicéridos alcanzan niveles extremos, el peligro deja de ser una abstracción estadística: pueden provocar pancreatitis aguda, una inflamación potencialmente grave del páncreas. También pueden ser una señal de prediabetes, diabetes tipo 2, hipotiroidismo o alteraciones hereditarias del metabolismo.

Cuando la factura llega a la cama

Los triglicéridos altos no provocan automáticamente disfunción eréctil. Comer una porción de torta tampoco garantiza una tragedia íntima esa misma noche. La medicina todavía no funciona con la velocidad moral de las redes sociales.

El problema aparece cuando la hipertrigliceridemia forma parte de un deterioro metabólico y vascular más amplio. Una erección depende de que la sangre circule correctamente. La disfunción del endotelio —el revestimiento interno de los vasos sanguíneos— y la aterosclerosis pueden reducir el flujo hacia el pene. Como las arterias peneanas son más pequeñas que las coronarias, los problemas de erección incluso pueden manifestarse antes que algunos síntomas cardíacos, advierte Mayo Clinic.

La obesidad, la diabetes, la hipertensión, el colesterol elevado y el síndrome metabólico comparten escenario con los triglicéridos altos y aumentan el riesgo de disfunción eréctil. El alcohol agrega su colaboración especial: puede elevar los triglicéridos, reducir el deseo e interferir directamente con la erección. La bebida que supuestamente ayudaba a desinhibirse puede terminar desinhibiendo únicamente la conversación.

En las mujeres, la relación es menos directa y no corresponde presentar a los triglicéridos como responsables únicos de la falta de deseo o de excitación. La respuesta sexual femenina depende de factores hormonales, vasculares, psicológicos y afectivos. Sin embargo, la diabetes y las enfermedades cardíacas —frecuentes compañeras del deterioro metabólico— pueden contribuir a dificultades de excitación, orgasmo o satisfacción, según Mayo Clinic.

La conclusión sexual es menos espectacular, aunque bastante más incómoda: los triglicéridos elevados pueden no ser el verdugo exclusivo, pero suelen viajar en el mismo vehículo que varios enemigos de la circulación, el deseo y el rendimiento sexual.

Cómo desactivar la bomba

La estrategia comienza con menos azúcar, menos harinas refinadas, porciones razonables y un control estricto del alcohol. Mayo Clinic aconseja realizar al menos 30 minutos de actividad física la mayoría de los días, bajar de peso cuando existe exceso y reemplazar las grasas saturadas por alternativas más saludables.

Si los cambios de hábitos no alcanzan, un profesional puede indicar medicamentos. Las estatinas, los fibratos, determinados preparados de omega-3 o la niacina se utilizan en situaciones específicas. No conviene automedicarse con suplementos: el aceite de pescado en dosis elevadas puede interferir con la coagulación y la niacina puede provocar efectos adversos o interactuar con otros fármacos.

Los triglicéridos altos no exigen vivir a lechuga hervida ni considerar delictiva cada medialuna. Exigen algo mucho menos atractivo: moderación, movimiento y análisis periódicos. El cuerpo tolera muchas fiestas; lo que no suele perdonar es que todos los días se declare feriado.

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