En la larga lista de efectos secundarios del trabajo sedentario acaba de sumarse un problema que, por razones obvias, genera cierta incomodidad para comentarlo en voz alta. Urólogos de Estados Unidos y Europa comenzaron a advertir sobre un fenómeno informalmente bautizado como “síndrome del pene dormido”, una forma de describir la pérdida temporal de sensibilidad o las dificultades de erección asociadas a pasar demasiadas horas sentado.
El tema volvió a circular en medios de salud después de que especialistas citaran investigaciones sobre circulación pélvica en trabajadores sedentarios. Según explican urólogos consultados por portales médicos, la presión prolongada sobre los nervios y vasos sanguíneos de la pelvis puede afectar el flujo sanguíneo hacia los genitales. El problema no sería permanente en la mayoría de los casos, pero sí suficiente para generar episodios de entumecimiento o menor respuesta sexual.
El fenómeno tiene antecedentes conocidos en medicina deportiva. Durante años, estudios sobre ciclistas documentaron episodios de adormecimiento genital asociados a la presión continua del asiento de la bicicleta, un cuadro conocido como neuropatía del nervio pudendo. Algunos especialistas sostienen que algo similar podría ocurrir con jornadas laborales de ocho o diez horas frente a la computadora, especialmente cuando se combinan con falta de actividad física.
La discusión saltó de los consultorios a las redes sociales cuando el escritor Roberto Chuit Roganovich mencionó en X que experimenta síntomas compatibles con ese cuadro, en un comentario que rápidamente generó reacciones entre seguidores y colegas. Entre bromas y comentarios preocupados, varios usuarios señalaron que el problema podría ser un subproducto bastante literal de la vida digital contemporánea.
Los médicos, por ahora, intentan bajar el dramatismo sin negar el fenómeno. “El sedentarismo prolongado tiene múltiples efectos sobre la salud vascular y neurológica”, explicó el urólogo argentino Nicolás Schvartzman en entrevistas sobre salud masculina. Las recomendaciones, previsiblemente, son menos virales que el diagnóstico: levantarse con frecuencia, caminar, hacer ejercicio y evitar pasar toda la jornada sentado. En otras palabras, un recordatorio bastante elemental de que el cuerpo humano no fue diseñado para vivir pegado a una silla.

