El trotskismo olió sangre: ante el desgaste de Milei, Bregman acelera su armado y ya piensa en 2027

El desgaste de Milei consiguió lo que décadas de capitalismo no pudieron: entusiasmar al trotskismo. Bregman denuncia el “fracaso” del Gobierno, multiplica comités y acomoda nombres para 2027. La revolución será permanente, pero el cierre de listas tiene fecha.

El trotskismo olió una oportunidad. Después de tres años de gobierno de Javier Milei, con una economía que sigue ofreciendo motivos para interpretaciones enfrentadas y un oficialismo que llega al tramo previo a 2027 con desgaste político, Myriam Bregman decidió acelerar. Este domingo encabezó un acto en Rosario y puso en palabras el diagnóstico con el que el PTS pretende construir su próxima etapa: habló directamente del “fracaso del plan del Gobierno” y de su “creciente descrédito”. La consecuencia política ya empieza a verse. Donde hasta hace poco había resistencia, marchas y denuncias, ahora también empiezan a aparecer estructuras, dirigentes y nombres para la próxima elección.

La escena rosarina tuvo todos los elementos de una fuerza que empieza a prepararse para lo que viene, aunque todavía se cuide de colocarle la desagradablemente burguesa etiqueta de “campaña electoral”. Junto a Bregman aparecieron Franco Casasola, Irene Gamboa y otros referentes santafesinos del PTS. Casasola incluso aseguró que ya funcionan más de 200 comités en todo el país para construir “un partido de la nueva clase trabajadora”. El partido sostiene que busca transformar el descontento social en organización política y promover una huelga general. También está fortaleciendo una estructura nacional alrededor de su figura más conocida. Ambas cosas, por algún misterio de la dialéctica, pueden ocurrir simultáneamente.

El combustible de esta súbita hiperactividad es el escenario que el propio trotskismo describe como la crisis del mileísmo. Bregman sostuvo en Rosario que frente al deterioro del Gobierno ya empiezan a prepararse alternativas para conservar parte de su programa incluso sin Milei, y mencionó expresamente opciones provenientes de la derecha y del peronismo moderado. Su apuesta consiste en evitar que el eventual desencanto con el Presidente termine nuevamente absorbido por alguna variante del sistema político tradicional. Es decir, después de décadas anunciando crisis terminales del capitalismo con resultados bastante discretos, esta vez el trotskismo quiere asegurarse de estar cerca de la caja cuando efectivamente aparezca algún desencantado.

Y ahí aparece 2027. El PTS insiste en que su estrategia excede las elecciones y Bregman afirmó que dará la pelea “en todos los terrenos”. Pero el partido ya recorre provincias, organiza comités y coloca dirigentes bajo los reflectores mientras el Gobierno entra en la larga recta hacia las presidenciales. El fenómeno tiene algo de paradoja histórica: Milei llegó al poder prometiendo pulverizar a la izquierda y convertir el socialismo en una pieza de museo. Tres años después, el trotskismo interpreta sus dificultades como una oportunidad para salir del museo, sacudirse el polvo y empezar a imprimir las listas de 2027. El fracaso del mileísmo todavía es una tesis política de sus adversarios, no un hecho establecido. Pero Bregman parece decidida a comportarse como si ya hubiera ocurrido.

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