¿Estalla la burbuja de la IA? Thiel, Bill Gates y Soft Bank le pican el boleto y la incertidumbre crece

La gran pregunta que recorre Wall Street, los fondos de inversión y los pasillos de empresas tecnológicas es si el auge de la inteligencia artificial -esa ola que catapultó la capitalización de mercado de Nvidia por encima de los 5 billones de dólares y convirtió a gigantes tecnológicos en apuestas casi irrefutables- está entrando en su fase terminal de burbuja especulativa.

Los datos más recientes sugieren una mezcla inquietante: grandes firmas tecnológicas siguen anunciando expansiones multimillonarias en infraestructura y centros de datos, pero al mismo tiempo se ven ventas significativas de acciones clave por parte de inversores de alto perfil, lo que está reconfigurando la narrativa dominante de crecimiento ilimitado. La discusión dejó de ser teórica: cuando nombres como Peter Thiel y SoftBank deciden liquidar por completo sus posiciones en Nvidia -cerca de 100 millones de dólares para Thiel y unos 5.800 millones de dólares para SoftBank-, no es un simple “profit-taking”, sino un gesto de precaución que algunos analistas interpretan como una señal de que la sobrevaloración podría estar alcanzando límites peligrosos. 

En esa misma línea, Michael Burry, el inversor que se hizo famoso por anticipar la crisis de las hipotecas subprime en 2008, ha puesto su dinero donde pone su boca: su fondo Scion Asset Management compró opciones de venta por casi 1.1 mil millones de dólares sobre acciones como Nvidia y Palantir, una apuesta directa a que esos precios no se sostendrán en el futuro cercano. Burry ha señalado públicamente que no existe una forma precisa de “timing” para el estallido de una burbuja, pero ha advertido que “la euforia por construir infraestructura de IA y la falta de ‘demanda real’ más allá del propio ecosistema tecnológico” crean paralelos inquietantes con burbujas pasadas. Más allá de la retórica apocalíptica, su posición es significativa porque refleja desconfianza en el actual mecanismo de valorización: cuando un inversor con historial probado toma posiciones que ganan si los precios caen, no es simplemente un maniobra táctica, sino una señal de escepticismo estructural. 

No es solo Thiel y Burry: la tensión emergente entre optimismo tecnológico y realismo financiero también se ve en movimientos más amplios del mercado y en advertencias de figuras como Bill Gates, quien ha señalado que no todas las empresas de IA serán ganadoras y que muchas valoraciones podrían ser insostenibles si no están ancladas en resultados financieros sólidos. Además, los recientes tropiezos en empresas relacionadas con IA -como la caída bursátil de Oracle tras anunciar incrementos masivos de gasto en IA, que arrastró a todo el sector tecnológico- reavivaron los temores de un ajuste mayor en el Nasdaq y otros índices donde predominan acciones de IA. A la vez, algunos análisis de mercado muestran que buena parte de la inversión en IA podría estar generando retornos marginales o incluso inexistentes para la mayoría de las organizaciones, una señal clásica de burbujas históricas donde el capital fluye más por expectativas que por resultados. 

En ese contexto, la gran pregunta para 2026 ya no es si la IA cambiará el mundo -eso pocos lo discuten-, sino si el boom financiero de la IA explotará antes de que sus aplicaciones prácticas superen la fase especulativa actual. La historia reciente de exits de grandes inversores como Thiel y SoftBank, las apuestas a la baja de Burry y los ajustes de precios de acciones emblemáticas del sector sugieren que, aunque la narrativa tecnológica sigue sólida, el mercado financiero está empezando a dudar de si el rally de IA puede sostenerse sin una corrección abrupta. La burbuja, dicen algunos, podría no “estallar” en un solo día, pero los temores de que el actual ciclo de euforia termine en una etapa de ajuste profundo ya no parecen marginales en los escritorios de los grandes gestores del capital global. 

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