La crisis del sistema sanitario bonaerense sumó este lunes una nueva foto política de alto voltaje. Axel Kicillof reunió en la Casa de Gobierno de La Plata a más de 70 intendentes junto al ministro de Salud Nicolás Kreplak para discutir el impacto del ajuste nacional sobre hospitales, medicamentos, vacunación y programas sanitarios.
Según trascendió durante el encuentro, en la Provincia aseguran que los recortes impulsados por el gobierno de Javier Milei ya superan los 63 mil millones de pesos en partidas destinadas a Salud. Los municipios vienen absorbiendo cada vez más demanda en hospitales públicos, mientras crecen las advertencias sobre guardias colapsadas y falta de insumos de cara al invierno. El Estado argentino tiene esa admirable capacidad de descubrir todos los años, con genuina sorpresa, que la gente se enferma cuando baja la temperatura.
A la reunión asistieron intendentes del peronismo, del Frente Renovador y hasta representantes del radicalismo bonaerense. Estuvieron Gastón Granados, Andrés Watson, Mariel Fernández, Juan Andreotti, Fabián Cagliardi y Marisa Fassi, entre otros. También participaron referentes del Foro de Intendentes Radicales, que emitieron un comunicado reclamando mayor coordinación entre Nación, Provincia y municipios para evitar el deterioro del sistema sanitario.
Sin embargo, entre tanta foto institucional, carpetas técnicas y discursos sobre la salud pública, hubo un detalle imposible de ignorar: la ausencia de Damián Selci. Y en política, especialmente en el peronismo bonaerense, las ausencias suelen hablar bastante más que los comunicados.
El faltazo del intendente de Hurlingham llamó la atención porque el encuentro no era menor. Se dio en la previa de la movilización convocada para este miércoles en defensa de la salud pública y funcionó, además, como una demostración de fuerza territorial de Kicillof en medio de la tensión con la Casa Rosada y las propias internas del oficialismo. Nadie quería faltar a la foto. O casi nadie.
En los pasillos de La Plata circularon distintas versiones. Algunos mencionaron problemas de agenda. Otros deslizaron cierto fastidio silencioso dentro del esquema bonaerense. También hubo quienes interpretaron la ausencia como otra señal del perfil cada vez más encapsulado de Selci, muy activo en redes sociales y en campañas digitales, aunque bastante menos visible en algunas mesas políticas donde hay menos likes y más intendentes de carne y hueso.
En Hurlingham nadie dio demasiadas explicaciones. Y en el ecosistema peronista, cuando un dirigente no explica nada, aparecen veinte compañeros dispuestos a explicar por él. Cada uno con una teoría más venenosa que la anterior.

