La Argentina volvió a ganar antes de jugar: un estudio la ubicó como la hinchada más pasional de América Latina

Una encuesta regional de Netquest sobre los hábitos mundialistas en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú y México reveló que los argentinos lideran el interés por su selección, miran más fútbol por televisión abierta, comen más snacks y todavía desconfían de la inteligencia artificial para vivir el Mundial 2026. La patria, al parecer, sigue cabiendo en una pantalla, una picada y una ansiedad colectiva imposible de auditar.

Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol convierte a la Argentina en un país razonablemente ingobernable. Baja la productividad, sube el volumen de los televisores, aparecen camisetas en lugares donde antes había ropa civilizada y millones de personas vuelven a convencerse de que el destino nacional depende de once tipos corriendo detrás de una pelota. Esta vez, además, hay datos para confirmar lo que cualquiera podía sospechar sin necesidad de Excel: los argentinos son reconocidos como los hinchas más pasionales de América Latina.

Así surge de un estudio realizado por Netquest, compañía especializada en datos e investigación de mercados, que encuestó a más de 2.400 personas en Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú y México para analizar cómo se vive la previa del Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá. El informe completo puede consultarse en este link.

El primer dato no deja mucho lugar para la sorpresa: el 55% de los latinoamericanos encuestados manifestó tener un interés “alto” o “muy alto” en la próxima Copa del Mundo. Dentro de ese mapa regional, Argentina y Perú aparecen como los países más interesados. Pero cuando la pregunta se enfoca en los partidos de la selección nacional, la Argentina queda arriba de todos: el 70% de los encuestados argentinos dijo tener un alto interés por ver a su equipo.

La explicación, según el estudio, no está solo en el fútbol. Para los argentinos, el Mundial funciona como una ceremonia de identidad. El 89% eligió el “orgullo por el país” como el aspecto más importante durante la competencia. En segundo lugar apareció la “unión nacional”, con el 77%. Es decir: por unas semanas, un país entrenado para discutir por cualquier cosa logra ponerse de acuerdo en algo. Naturalmente, dura poco. Tampoco pidamos milagros.

El estudio también muestra que el Mundial se vive puertas adentro y con vínculos cercanos. Lejos de la fantasía del gran carnaval social, apenas el 7% dijo que el torneo le importa como oportunidad para socializar con personas menos cercanas. El dato es casi poético: el argentino quiere gritar goles, sí, pero preferentemente con gente de confianza, porque incluso la felicidad exige cierto control de daños.

En materia de consumo, la Argentina también tiene su liturgia. Es el país de la región donde el Mundial más se mira por televisión abierta: el 78% de los argentinos declaró que seguirá los partidos por ese medio, contra un promedio regional del 63%. En tiempos de plataformas, algoritmos y suscripciones infinitas, la TV abierta conserva su pequeño imperio emocional. La modernidad podrá haber inventado muchas cosas, pero todavía no logró reemplazar del todo el ritual de prender la tele y putear al relator.

La comida también aparece como parte central del rito. Un cuarto de los argentinos dijo que suele pedir delivery durante los partidos, cuatro de cada diez declararon consumir bebidas alcohólicas y el 82% afirmó que come snacks mientras mira fútbol. El Mundial, entonces, no solo se juega en estadios: también se disputa sobre mesas ratonas, entre papas fritas, maní, gaseosas, cerveza y decisiones digestivas de dudosa elegancia.

Pero el dato más curioso aparece en el vínculo entre fútbol e inteligencia artificial. Mientras en otros países de la región la IA empieza a ganar terreno para pedir resúmenes, predicciones o información de los partidos, la Argentina aparece como el país menos entusiasmado con usarla en temas vinculados al Mundial. Apenas el 39% de los argentinos dijo que recurrirá a la inteligencia artificial para ver fútbol o acompañar la experiencia mundialista.

La resistencia tiene lógica. El hincha argentino puede aceptar estadísticas, repeticiones, VAR, cámaras semiautomáticas y hasta discusiones tácticas con nombres imposibles. Pero pedirle a una IA que le explique cómo vivir un Mundial quizás sea demasiado. Hay límites incluso para la decadencia tecnológica. En Argentina, Colombia y Brasil, quienes sí usen IA la emplearán sobre todo para consultar estadísticas futboleras; en Perú aparece con fuerza el uso para resúmenes de partidos, mientras que Chile y México muestran más interés en pedir predicciones.

La conclusión del estudio confirma un lugar común, pero ahora con respaldo regional: casi cuatro de cada diez hinchas latinoamericanos señalaron a la Argentina como el país que vive con más pasión la Copa del Mundo 2026. Brasil quedó segundo, con el 32%. Es una diferencia ajustada, pero suficiente para que el orgullo nacional encuentre otro motivo para inflarse el pecho antes de que ruede la pelota.

En definitiva, el Mundial 2026 todavía no empezó, pero la Argentina ya encontró una competencia paralela para ganar: la de la pasión, el orgullo, la tele prendida, el snack omnipresente y la sospecha ante cualquier máquina que pretenda explicar lo inexplicable. Porque para el argentino, el fútbol no es solo fútbol. Es identidad, excusa, terapia colectiva, discusión familiar, ruido de fondo y, cada cuatro años, una forma muy eficaz de creer que el país todavía puede ponerse de acuerdo en algo.

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