“Llegué a medirme 42 veces en un día”: alertan por la nueva obsesión con los tensiómetros digitales y el avance de una hipocondría silenciosa

Clínicos y cardiólogos aseguran que cada vez más personas controlan compulsivamente su presión arterial desde el trabajo, la cama o incluso en reuniones sociales. Algunos pacientes admiten ataques de ansiedad provocados por sus propios dispositivos.

Lo que empezó como una recomendación médica preventiva terminó convirtiéndose, para muchos profesionales, en un fenómeno de ansiedad permanente alimentado por tensiómetros digitales baratos, relojes inteligentes y aplicaciones obsesionadas con registrar cada variable corporal. El doctor Federico Salvatierra, especialista de una clínica privada de Barrio Norte, aseguró que en el último año aumentaron notablemente las consultas de pacientes “atrapados en ciclos de control compulsivo”. “Se toman la presión una vez, el valor les parece raro, se asustan y vuelven a medirse durante horas. Algunos terminan más alterados por el aparato que por cualquier problema cardíaco real”, explicó.

La doctora Marina Ledesma, que atiende en Caballito y Belgrano, describió escenas cada vez más frecuentes en consultorio. “Hay pacientes que llegan con carpetas impresas, gráficos de colores y registros tomados cada veinte minutos. Una mujer me mostró mediciones hechas antes de bañarse, después de comer y hasta durante discusiones de pareja”, relató. Según la especialista, el fenómeno se disparó después de la pandemia y se mezcla con el miedo constante a sufrir episodios cardiovasculares repentinos.

Los afectados describen rutinas que rozan lo delirante. Martín G., diseñador gráfico de 36 años, contó que llegó a controlar su presión “42 veces en un solo día” después de sufrir un episodio de estrés laboral. “Tenía un tensiómetro en la mochila, otro en el escritorio y otro en la mesa de luz. Si el número cambiaba aunque fuera un poco, ya pensaba que me estaba por morir”, confesó. Carla G., administrativa de 41 años, reconoció que se despertaba varias veces durante la madrugada para medirse. “Si daba normal sentía alivio diez minutos. Después volvía el miedo”, dijo.

Los especialistas manejan varias hipótesis para explicar el fenómeno. Una apunta al impacto psicológico de la pandemia, que instaló hábitos de monitoreo permanente del cuerpo y naturalizó la vigilancia obsesiva de cualquier síntoma físico. Otra teoría vincula el problema con el crecimiento del mercado wellness y la idea de que toda variable corporal debe optimizarse en tiempo real: sueño, pasos, oxígeno en sangre, frecuencia cardíaca y ahora presión arterial. “Hay personas que sienten culpa si no generan datos sobre sí mismas”, explicó Salvatierra.

También preocupa el rol de las aplicaciones móviles y las redes sociales, donde circulan consejos alarmistas sobre ACV silenciosos, infartos repentinos y “enemigos invisibles” de la salud cardiovascular. Algunos pacientes reconocen pasar horas leyendo foros médicos o viendo videos de supuestos especialistas que recomiendan controles constantes. “Muchos llegan convencidos de que cualquier mareo es el inicio de algo grave”, señaló Ledesma. En varios casos, los médicos detectaron que la propia ansiedad por obtener una medición perfecta termina elevando la presión y alimentando un círculo difícil de cortar.

Para algunos profesionales, la obsesión revela algo más profundo que un simple miedo médico. “Hay una necesidad de control total sobre el cuerpo en una época donde todo lo demás parece inestable”, sostuvo un psiquiatra porteño que trabaja con pacientes hipocondríacos y pidió reserva de identidad. En medio de crisis económicas, incertidumbre laboral y saturación digital, miles de personas encontraron en los números del tensiómetro una ilusión de orden y previsibilidad. El problema es que el cuerpo humano no funciona como una planilla financiera. Y cuanto más intentan dominarlo, más ansiedad produce. Una época entera respirando hondo frente a un aparato de plástico chino que decide si el día será soportable o no.

Scroll al inicio