Los hijos que nunca nacieron ya crecen en la pantalla: la inteligencia artificial se metió en el duelo más íntimo

Aplicaciones capaces de inventar rostros, cumpleaños y vidas completas ofrecen consuelo a quienes atravesaron una pérdida gestacional. Especialistas advierten que el dolor podría convertirse en una suscripción difícil de cancelar.

Hasta hace poco, después de una pérdida gestacional quedaban una ecografía, una fecha probable de parto y una habitación que tal vez nunca llegó a prepararse. Ahora también puede quedar una colección de fotografías de un niño que jamás existió fuera de una computadora. Basta subir imágenes de los padres, elegir algunas características y esperar a que la inteligencia artificial complete el trabajo que la vida dejó inconcluso. La criatura no existe, la foto sí y la empresa, naturalmente, ya se quedó con los datos.

La periodista estadounidense Caitlin Dewey recurrió a la aplicación Remini durante las noches posteriores a su tercera pérdida. Cargó fotografías suyas y de su marido y generó posibles retratos del hijo que no habían podido conocer. En una entrevista con el podcast Untangled, contó que esas imágenes le dieron una forma concreta a una ausencia difícil de explicar y validaron un dolor que muchas veces ni siquiera encuentra reconocimiento social. No creyó haber resucitado a nadie. Necesitaba ver aquello que estaba llorando y el algoritmo, siempre dispuesto a ocupar los lugares que los humanos dejamos vacíos, se lo fabricó. La conversación fue publicada en Untangled.

El procedimiento no reconstruye genéticamente a un bebé ni revela cómo habría sido. Produce una conjetura visual a partir de fotografías, modelos estadísticos y millones de caras ajenas. Es menos una ventana hacia una vida posible que un casting organizado por una máquina. Puede ofrecer un bebé, después un niño de cinco años, más tarde un adolescente. La infancia completa queda disponible sin fiebre, pañales, reuniones escolares ni la molesta costumbre humana de crecer de una manera distinta de la imaginada.

La misma tecnología permite hacer envejecer digitalmente a chicos que sí nacieron y murieron. Kierra Irvine perdió en 2020 a Evanna, su hija de seis años, debido a una cardiopatía congénita. Cuando habría cumplido diez, generó imágenes que la mostraban más grande, saludable y sin la cánula que la había acompañado durante su enfermedad. Debió pedirle unas veinte versiones al programa hasta encontrar una que le resultara reconocible. “Se parece a sus hermanos”, explicó. Su marido se negó siquiera a mirarlas. Dos padres, una misma hija y dos formas incompatibles de sobrevivir a la ausencia. El testimonio fue recogido por The Times.

No toda imagen vinculada con una muerte infantil es necesariamente una aberración tecnológica. Una revisión de doce investigaciones concluyó que las fotografías reales tomadas después de una muerte fetal pueden ayudar a validar la existencia del bebé, conservar recuerdos y presentar al hijo perdido ante sus hermanos. Muchos padres que inicialmente rechazaron esas fotografías dijeron lamentarlo después. La diferencia parece pequeña, aunque resulta decisiva: una fotografía registra a alguien que estuvo allí; la inteligencia artificial inventa a quien podría haber estado. El estudio fue publicado en Women and Birth.

El paso siguiente ya está disponible. Los llamados griefbots no se limitan a crear una cara: hablan, recuerdan y contestan. En Corea del Sur, Jang Ji-sung participó en una experiencia televisiva de realidad virtual que recreó a Nayeon, su hija de siete años, fallecida en 2016. La mujer pudo verla, escucharla e intentar tocarla dentro de un escenario digital. Dijo que el encuentro alivió parte de su culpa, aunque también aclaró que no querría repetirlo. Prefiere escribirle cartas y visitar sus restos. Incluso dentro de la fantasía más sofisticada, una madre supo encontrar el botón de salida.

Otras experiencias fueron bastante menos piadosas. Christi Angel conversó con una recreación de su pareja fallecida hasta que el programa le dijo que estaba en el infierno. La mujer, cristiana, tuvo que volver a conectarse para pedirle a la misma máquina que reparara el daño provocado por la máquina. Primero se paga para abrir la herida; luego, con algo de suerte, aparece una función prémium para cerrarla. Ambos casos fueron examinados en el documental Eternal You.

Investigadores de la Universidad de Cambridge reclaman que estas recreaciones sean transparentes, permanezcan fuera del alcance de los menores y puedan ser “retiradas” mediante procedimientos cuidadosos. También exigen el consentimiento de la persona recreada y de quien deberá interactuar con ella. En el caso de los hijos que nunca llegaron a nacer, el primer requisito presenta una dificultad burocrática considerable: el supuesto protagonista de la simulación jamás pudo aceptar ni rechazar nada. El trabajo advierte sobre los riesgos de la naciente industria de la vida digital después de la muerte.

Para algunas familias, estas imágenes pueden funcionar como un ritual privado, imperfecto y transitorio. Para otras, serán una intrusión insoportable. El problema aparece cuando una industria comienza a vender como tratamiento aquello que todavía es apenas un experimento emocional. La inteligencia artificial no puede devolver un hijo, completar una vida ni hablar en nombre de quien nunca aprendió a hacerlo. Puede construir una cara convincente y mantenerla encendida durante años. El consuelo sigue siendo humano; la pesadilla, por supuesto, viene con excelentes gráficos.

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