Mario Secco lanzó el operativo “Axel 2027” y en La Cámpora acusan a Kicillof de construir poder propio en medio de la crisis

El intendente de Ensenada encabezó una cumbre política para mostrar volumen territorial del gobernador bonaerense y desató un tembladeral en el kirchnerismo duro. Cerca de Máximo Kirchner hablan de “personalismo”, desgaste de gestión y una peligrosa desconexión con la realidad social de la provincia.

Mario Secco volvió a ponerse al frente de la defensa política de Axel Kicillof, pero esta vez el movimiento tuvo un efecto inesperado: profundizó la desconfianza interna dentro del kirchnerismo. El acto realizado en Ensenada, presentado por dirigentes aliados como el “kilómetro cero” del armado político del gobernador, fue interpretado en sectores de La Cámpora como el lanzamiento informal de un proyecto presidencial construido por afuera de la conducción histórica de Cristina Kirchner.

Según reconstruyen dirigentes del PJ bonaerense, el malestar no pasa solamente por la foto política sino por el momento elegido. Mientras la provincia acumula conflictos salariales, deterioro en infraestructura, crisis de seguridad y reclamos constantes de intendentes por fondos, cerca de Máximo Kirchner cuestionan que Kicillof aparezca concentrado en consolidar una estructura propia. “Hay un gobernador más preocupado por el armado electoral que por gobernar”, habría deslizado un dirigente camporista tras el encuentro. En privado, algunos incluso comparan el clima interno con las peleas terminales del peronismo previo a 2015.

La figura de Secco terminó potenciando todavía más el ruido político. El intendente de Ensenada, históricamente alineado con el kirchnerismo duro, ahora aparece como uno de los principales impulsores de una narrativa donde Kicillof intenta mostrarse como heredero natural del espacio pero al mismo tiempo diferenciado de Cristina. Esa ambigüedad empezó a irritar a dirigentes que consideran que el gobernador busca quedarse con la estructura política del kirchnerismo mientras toma distancia del costo de la derrota nacional y del desgaste acumulado tras años de crisis económica. Porque en el peronismo todos hablan de unidad hasta que alguien empieza a medir encuestas y descubre que quiere ser jefe.

En el Instituto Patria observan además otro fenómeno que inquieta: varios intendentes comenzaron a acercarse al esquema de Kicillof más por necesidad electoral que por convicción política. Temen quedar atrapados en una gestión provincial cada vez más cuestionada, pero también perciben que el gobernador intenta construir un liderazgo autónomo aprovechando el vacío de conducción del PJ. “Axel cree que ya puede caminar solo”, resumió con ironía un dirigente del kirchnerismo. La pregunta que empieza a circular es otra: si realmente puede.

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