La interna del peronismo en Tigre terminó con un resultado que en el massismo leyeron como una pequeña reparación del orden natural de las cosas: el candidato referenciado en Sergio Massa se quedó con la conducción del PJ local y devolvió al ex ministro una victoria en su pago chico, un territorio donde cada movimiento interno se mide con lupa y donde perder nunca fue una opción decorativa. La pelea venía cargada de tensión por el enfrentamiento soterrado con Julio Zamora, cada vez más alejado del dispositivo tradicional del peronismo tigrese.
El dato no fue menor dentro del tablero bonaerense. Según el reparto final de las internas partidarias en los 16 municipios donde hubo competencia, los sectores alineados con Axel Kicillof se quedaron con la mayoría, pero el Frente Renovador logró asegurarse dos distritos clave, entre ellos Tigre. La señal fue leída como una confirmación de que Massa, incluso en modo estratega de escritorio, sigue teniendo capacidad para ordenar tropa, cerrar heridas ajenas y ganar donde más importa: en casa.
En el universo peronista nadie sobreactuó modestia. Cerca del tigrense dejaron correr la idea de que el triunfo no solo ordena el partido a nivel local, sino que también vuelve a ubicar a Massa en el centro de la conversación sobre el futuro bonaerense. No por casualidad, en los últimos días crecieron las versiones sobre un eventual protagonismo suyo en 2027, mientras el Frente Renovador exhibe este resultado como una prueba de vigencia territorial. Tigre, al final, volvió a hacer lo que mejor sabe: recordarle al resto del peronismo que ahí Massa no necesita presentación, apenas una lapicera.

