Morón volvió a convertir la Promesa de Fidelidad a la Bandera en uno de esos actos que, contra todo pronóstico y pese al catálogo habitual de quejas urbanas, logran sacar a miles de personas a la calle sin que el motivo sea un corte de luz, una protesta o una final de la Selección. La Plaza General José de San Martín fue el escenario de una ceremonia masiva encabezada por el intendente Lucas Ghi, que tomó la promesa a estudiantes de cuarto año de escuelas primarias y de modalidad especial del distrito.
La jornada reunió a chicos, familias, docentes, autoridades educativas, representantes institucionales, veteranos de Malvinas y funcionarios municipales. En una tarde fría y gris, la postal tuvo algo de excepción: guardapolvos, banderas, papelitos celestes y blancos, emoción familiar y una organización que buscó transformar el acto escolar en una celebración comunitaria. Porque, se sabe, la patria también necesita logística, cortes de tránsito y alguien que ordene a miles de chicos sin que todo termine pareciendo una excursión desbordada.

Ghi buscó darle al acto un tono más amplio que el simple protocolo. En su discurso, remarcó el trabajo previo de docentes y estudiantes, y vinculó la promesa con la idea de identidad, pertenencia y proyecto colectivo. También destacó que la ceremonia debía ser una experiencia para recordar y no apenas una formalidad escolar de esas que los adultos juran que son importantes mientras los chicos miran de reojo cuándo termina. En ese equilibrio entre solemnidad y fiesta, la gestión municipal mostró una de sus apuestas más claras: ocupar el espacio público con eventos de alta carga simbólica y fuerte presencia comunitaria.
La celebración incluyó propuestas artísticas, participación de Choque Urbano y una puesta en escena que buscó sostener la atención de los verdaderos protagonistas: los chicos y chicas que respondieron con el clásico “sí, prometemos”. El resultado fue una imagen potente para Morón y también para la gestión Ghi: una plaza llena, comunidad educativa movilizada y un acto patrio que, sin perder su tono institucional, funcionó como demostración de capacidad organizativa. En tiempos en los que la política suele discutir a los gritos hasta el color de una baldosa, Morón encontró una foto menos estridente y más eficaz: miles de estudiantes prometiendo ante la Bandera, con el Municipio en el centro de la escena y la plaza como escenario de una celebración colectiva.

