La activación por defecto generó sorpresa incluso entre especialistas en seguridad digital, que advierten que el sistema analiza información sensible del buzón para alimentar sugerencias, automatizar respuestas y optimizar tareas… aunque también podría terminar fortaleciendo los algoritmos que construyen perfiles publicitarios cada vez más precisos.
La situación reaviva un viejo déjà vu tecnológico: Silicon Valley promete innovación, pero nunca se olvida de monetizarlo todo. El episodio recuerda a las escuchas involuntarias de Alexa, que Amazon almacenaba sin avisar, o al escándalo de Cambridge Analytica, cuando Facebook se hizo el distraído mientras terceros exprimían datos privados para campañas políticas. En este caso, Google insiste en que se trata de “asistencia personalizada”, pero para muchos usuarios el límite entre ayuda y vigilancia se volvió tan difuso como conveniente para la empresa. Otra página en el interminable manual de la codicia digital.
Quien quiera evitar que Gemini lea su correspondencia puede hacerlo en unos pocos pasos. Primero, abrir Gmail y tocar el ícono de tuerca ubicado en la esquina superior derecha. Luego, en la pestaña General, desplazarse hasta la opción Funciones inteligentes y personalización. Por último, desmarcar la casilla que habilita estas funciones. Con eso alcanza para desactivar el análisis automático y recuperar un mínimo de privacidad en tiempos donde hasta el correo electrónico parece tener curiosidad propia.

