La aparición pública de Damián Akerman como posible candidato a presidente de Club Deportivo Morón encendió alarmas dentro del club. Aunque el ex delantero conserva un enorme capital simbólico entre los hinchas, distintas voces del ambiente deportivo y político local comenzaron a señalar que detrás del operativo habría una estructura mucho más amplia vinculada al sabbatellismo. El nombre que más se repite es el de Diego Spina, histórico operador político de Martín Sabbatella y uno de los hombres de mayor peso dentro del armado de Nuevo Encuentro en Morón.

El movimiento ocurre en un contexto particular: Deportivo Morón atraviesa uno de sus períodos de mayor orden institucional y cohesión interna de los últimos tiempos. Con un club saneado, fuerte acompañamiento de socios y una dirigencia que logró bajar considerablemente el nivel de conflicto político interno, muchos socios observan con preocupación el regreso de sectores históricamente asociados a las disputas partidarias. En los pasillos del club empezó a instalarse una idea incómoda: que la irrupción de Akerman no sería solamente deportiva o sentimental, sino la puerta de entrada para que viejas estructuras políticas vuelvan a ganar incidencia en el Gallito. Argentina tiene esa costumbre fascinante de convertir cualquier asado de cancha en una interna territorial.
En Morón nadie desconoce la relación histórica entre el sabbatellismo y distintos espacios vinculados al club. Durante años, referentes cercanos al ex intendente tuvieron influencia directa o indirecta en agrupaciones, decisiones institucionales y armado territorial alrededor del Deportivo Morón. Con menos volumen político en el distrito y fuera del control municipal, el club aparece ahora como uno de los pocos espacios capaces de devolver centralidad pública y capacidad de movilización. Por eso, cerca de la actual conducción interpretan el avance como un intento de romper una etapa de unidad que hoy le da al club una estabilidad poco habitual en su historia reciente.

Mientras tanto, Akerman mantiene silencio sobre los detalles de un eventual armado, aunque su sola mención ya abrió una grieta interna que hasta hace pocos meses parecía inexistente. En sectores de la vida política y deportiva local aseguran que la estrategia consistiría en capitalizar el peso emocional del máximo ídolo del club para reordenar detrás suyo a viejos actores desplazados. El problema es que, en el medio, vuelve a instalarse una discusión que muchos socios creían superada: cuánto espacio debe ocupar la política partidaria dentro de una institución que, por primera vez en mucho tiempo, parecía haber encontrado algo parecido a la calma.

