Santiago Caputo le implora al gobierno de USA que no bloqueen Stremio ni Magis por temor a estallido social

La trama detrás del "estallido por streaming": por qué el entorno oficial sugeriría no extremar los controles sobre la piratería digital para evitar que el fin del ocio gratuito actúe como un catalizador del malestar social frente a la crisis.

En los pasillos virtuales donde se mezclan política, negocios y grupos cerrados de Telegram, comenzó a circular en los últimos días una versión tan inquietante como inverosímil: el empresario Leonardo Scatturice habría sido instado por su socio Santiago Caputo a realizar gestiones extraoficiales ante el gobierno de Estados Unidos para que el bloqueo de plataformas como Stremio y la app Magis TV no sea monitoreado con excesivo celo.

La preocupación, siempre según esta versión que nadie confirma pero todos comentan, no tendría que ver con la defensa de la piratería en sí, sino con algo mucho más sensible para el termómetro social argentino: el riesgo de que una caída masiva de estas plataformas, en un contexto de alza sostenida del dólar, funcione como catalizador de un malestar social más amplio.

“Vos tocás el bolsillo, el dólar y el entretenimiento popular al mismo tiempo, y tenés un cóctel”, habría deslizado un operador digital en un chat privado donde se cruzan consultores, libertarios descontracturados y exfuncionarios reciclados. En ese clima, la hipótesis del “estallido por streaming” empezó a circular como meme, luego como rumor y finalmente como argumento político.

La lógica detrás del razonamiento sería simple: en un país con salarios deprimidos, consumo en el subsuelo y servicios dolarizados, el acceso informal al entretenimiento funciona como una válvula de escape emocional. El bloqueo simultáneo de Stremio y Magis TV, plataformas ampliamente utilizadas aunque legalmente grises, podría leerse no como una cuestión técnica, sino como una nueva privación simbólica, justo cuando el tipo de cambio vuelve a marcar agenda.

En esta ficción, Caputo habría sugerido explorar canales informales en Washington para “no sobreactuar” los controles, apelando al clásico argumento de la estabilidad social. No se trataría de frenar decisiones oficiales, sino de “ganar tiempo”, dejar que el asunto se diluya en la burocracia y evitar imágenes incómodas de usuarios furiosos inundando redes sociales con capturas de pantallas en negro.

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