El aviso parece una estafa especialmente imaginativa, pero es auténtico: el programa estadounidense GoodNature busca personas dispuestas a entregar materia fecal hasta cinco veces por semana y ofrece pagos de entre USD 25 y USD 75 por visita, con la posibilidad de alcanzar los USD 1.500 mensuales. Las muestras son destinadas al desarrollo de productos terapéuticos basados en el microbioma y a distintas investigaciones médicas. El donante cobra el mismo día mediante una tarjeta recargable: una modalidad que finalmente permite salir del baño con más dinero del que se tenía al entrar.
La selección, sin embargo, convierte la aparente changa intestinal en una carrera de alta competencia. Los candidatos deben vivir cerca del centro de recolección de Tempe, Arizona, tener entre 18 y 48 años, peso considerado normal, evacuaciones regulares y disponibilidad para concurrir cuatro o cinco días por semana durante al menos seis meses. También deben aceptar análisis de sangre mensuales y no fumar, consumir drogas, tener diabetes, antecedentes gastrointestinales ni otras condiciones que puedan alterar la microbiota. Después llegan las pruebas sobre las propias muestras, destinadas a detectar infecciones, microorganismos peligrosos y las bacterias específicas que busca el laboratorio. Para ingresar no alcanza con ir al baño: hay que hacerlo con excelencia.
El valor médico no está en el excremento en sí, sino en los millones de microorganismos que transporta. La microbiota de un donante sano puede procesarse y administrarse a pacientes con infecciones recurrentes por Clostridioides difficile, una bacteria capaz de provocar diarreas graves y resistir sucesivos tratamientos con antibióticos. La FDA exige controles estrictos porque una muestra contaminada también puede transmitir bacterias patógenas, virus y otros problemas que arruinarían considerablemente la promesa de curación. El material se analiza, filtra, conserva y transforma en preparados que pueden administrarse mediante colonoscopia, sonda o cápsulas. La ciencia consiguió así que alguien pueda tragarse materia fecal sin que el procedimiento figure entre las peores decisiones de su vida.
En la Argentina, el Hospital de Clínicas de la UBA mantiene activo el primer Banco de Microbiota del país y utiliza donaciones para tratar patologías digestivas severas cuando las terapias convencionales fracasan. El centro no promociona un salario intestinal comparable con el programa norteamericano, pero el crecimiento mundial de los bancos y medicamentos derivados del microbioma anticipa una discusión inevitable: si las heces se convierten en materia prima de una industria, alguien terminará poniendo precio al proveedor. El mercado laboral, después de exigir títulos, idiomas, experiencia y disponibilidad horaria, descubrió por fin una habilidad que millones de personas practican todos los días.

